El estilo de Botticelli


El historiador del arte, Giorgio Vasari, resume en su obra las vidas de famosos artistas. Una de ellas es la de Sandro Botticelli. Vasari no sólo se limita a aportar datos biográficos y opiniones artísticas sino que también incluye apuntes sobre la personalidad del creador elegido.
El crítico italiano no es imparcial en sus opiniones. El aprecio artístico que Vasari pudiese sentir por Botticelli es bastante pobre, incluso llegó a confundirle con otro pintor llamado Botticini. A este historiador clasicista debía parecerle lamentable el desarrollo "retrógrado" del arte botticilliano. Un sentimiento parecido debió invadir el alma de Leonardo da Vinci cuando contempló las obras del florentino y escribió algunos fragmentos sobre el modo de pintar de Alessandro Filipepi.
El autor de Vidas narra los orígenes del Sandro juvenil al que describe como un joven inquieto y extravagante porque <<aunque aprendía fácilmente cuanto quería no encontraba gusto en nada, ni en leer, ni en escribir, ni en llevar cuentas>>. Más adelante, Vasari describe al pintor adulto: <<Fue Sandro persona de genio alegre y muy dado a las bromas con discípulos y amigos (...) Se dice que él estimó en gran manera a quienes se dedicaban al estudio de las artes>>. Por último, Vasari en otro momento de su narración califica al artista florentino como <<persona pedante>>. A esta misma conclusión se puede llegar al observar el autorretrato de Botticelli en el cuadro de la Adoración de los Magos. Altivo y orgulloso mira con descaro al espectador con sus enormes ojos.
Vasari asegura en sus escritos que Sandro Filipepi es una persona extravagante. Esta misma expresión la utilizan varios autores del XVII para describir a este artista. Algunas de las bromas del florentino y su retorcido sentido del humor prueban la afirmación anterior, que parece ser una característica pareja a la genialidad.
Y como creador de incalculable talento no hay que olvidar que Botticelli es un hombre lleno de imaginación y con una inteligencia viva, dispuesto a experimentar con nuevos métodos para poder plasmar en el lienzo las ideas y las formas que rondan por su cabeza. Algunas de sus audacias, propias de un espíritu curioso e indagador como el suyo, fueron recogidas por el escéptico Leonardo: Botticelli dice que <<con solo arrojar una esponja empapada en distintos colores contra un muro, ésta deja en la pared una mancha, donde se ve un hermoso paisaje>>.
En otra ocasión, este gran experimentador y artista decidió pintar directamente sobre una tabla sin aplicar con anterioridad la habitual capa de impregnación. Además para mezclar los colores utilizó una gran cantidad de aceite, por lo tanto, el ungüento secó con gran rapidez y no tuvo tiempo para penetrar en la tabla. El resultado final fue que la pintura tendía a descascarillarse. Las operaciones de restauración, realizadas a mediados de este siglo, duraron veinte años.

Venus y Marte

Alessandro Filipepi se introduce en el círculo de los Médicis y trabaja para ellos. El artista asume los principios filosóficos-artísticos de esta poderosa familia florentina: el neoplatonismo mediceo, que durante muchos años marca su forma de vivir y pintar.
Esta corriente considera la materia del cuerpo como la cárcel del espíritu. La belleza desvela el camino hacia la verdad, hacia la espiritualidad. El paganismo, la idealización, los desnudos, el lujo de riquezas, características relacionadas con lo bello, marcan esta tendencia. Sin duda, el arte es considerado como el vehículo ideal para la búsqueda de esta ansiada belleza.
La obra Adoración de los Magos es un buen ejemplo de la relación existente entre mecenas y pintor. Botticelli retrata a los miembros de la familia Médicis, rodeados de riquezas, presentando en el pesebre sus regalos al recién nacido.
Sin embargo, algo bulle en el interior de Botticelli. Su fe se sacude incómoda con el paso de los años en ese ambiente mediceo cargado de lujo y palabras vacías. Varias cosas influyen en el ánimo del pintor. Por un lado, Sandro está volviendo a realizar a título personal los dibujos de un libro con un dantesco fondo religioso, la Divina Comedia. Entonces comienzan a sonar en la lejanía los sermones de un fraile dominico llamado Girolamo Savonarola. La fecha que acontece es la década de los noventa. El artista florentino sufre una fuerte crisis de valores que queda apaciguada con las palabras de Savonarola. Toda Florencia escucha a este monje que predica la sencillez frente al lujo eclesiástico y mediceo.
Botticelli interioriza profundos valores éticos y místicos del Cristianismo. El pintor centra su atención en la temática religiosa en detrimento de los asuntos mitológicos y sacrifica la belleza formal, la búsqueda de la perfección de las proporciones y las perspectivas, tan importante en la corriente neoplatónica y en el Renacimiento, a favor del contenido del cuadro. El lujo de detalles y de la composición en pro de la humildad y de la sencillez de las formas. Al igual que hacían los pintores medievales vuelve a valorar cada figura según su tamaño. No importa el lugar que ocupe sino su importancia en la narración de la obra. Y esta máxima la aplica no sólo a la pintura sino también a la vida y a los seres que le rodean.
A pesar de que Vasari asegura que Botticelli ingresa en las filas de los seguidores de este monje llegando a <<caer en grandísimo desgobierno>>, pues <<se desvió del trabajo con lo que al fin se halló viejo y pobre>>, lo cierto es que no existen pruebas concretas sobre la adhesión del florentino a esta corriente religiosa. Tan sólo existe un documento que puede comprometerle con esta causa.
Simón Filipepi, hermano del pintor, redacta en su Crónica a día dos de noviembre de 1499: << Alessandro...contó cómo aquel día en su taller...había tenido una conversación con Doffo Sipini [uno de los principales jueces en el proceso contra Savonarola]. Y que Sandro le pidió... que le dijese la verdad sobre los pecados que encontraron en Fray Jerónimo, por los cuales mereciese condenarle a muerte.>> Según la narración, Doffo respondió que no encontraron ni pecado mortal, ni venial. La reacción de Sandro no se hizo esperar: ¿entonces por qué?
Botticelli no se había equivocado cuando pintó su último cuadro mitológico que recogía la desgracia acontecida a otro colega de la antigüedad llamado Apeles, La calumnia. Y es que la justicia tiene dos caras: la verdad y las razones de Estado, la conveniencia humana...

PADRES AFECTUOSOS

Los lazos familiares que unen a Botticelli con sus seres más queridos son bastante intensos. El artista convive con sus padres en los primeros años de su vida y luego con sus hermanos y sobrinos.
Su progenitor, Mariano Filipepi, es un cincuentón propietario de un taller donde se curte cuero. Con este pequeño negocio, Mariano lleva a su casa el sustento justo para mantener a su numerosa familia. Unos quince miembros entre su esposa, Smeralda, de 40 años, sus cuatro vástagos, hermanos, sobrinos y cuñados.
Este hombre se mostró preocupado por la educación de su hijo más pequeño Sandro y fue él quien le colocó primero con un compadre suyo, llamado Botticello, de profesión orífice y luego con un famoso pintor: <<Por ello abriendo ampliamente su corazón al padre, que conocía la inclinación de aquél carácter fue llevado a Fray Filippo, admirable pintor de la época>>, narra Vasari.
Los ancianos padres de Sandro parece que consintieron bastante al menor de sus hijos y que pudieron ofrecerle una buena educación. Una de las razones puede deberse a que mejora notablemente la estrecha situación económica del curtidor de cueros, tal vez porque sus vástagos mayores ya trabajan y ayudan en casa o porque al menos no suponen ningún gasto añadido. Prueba de estas mejoras es que durante la infancia del pintor, los Filipepi se trasladan a una casa más grande en la calle de la Vigna Nuova, propiedad de la poderosa familia Rucellai.
La otra razón es por motivos sentimentales. El pequeño Sandro era un niño enfermizo. Tal vez por este motivo, Mariano fue un padre comprensivo que atendió las necesidades de su hijo con verdadera pasión y accedió a satisfacer la vocación del joven pintor. Además, el patriarca de la familia consintió que Botticelli trabajase en la casa paterna hasta que en 1470 abre su propio taller.
Un año antes, la situación económica de los Filipepi mejora gracias a las tierras de labor, viñas y talleres que heredan. La unión entre padre e hijo, de quien Alessandro toma su segundo nombre como manda la tradición familiar, fue bastante fuerte hasta la muerte de su progenitor en 1482.

En mitad de su trayectoria, el contexto político-social en el que vive el pintor no deja de influir en su obra que reflejará el aspecto más patético y grotesco de su producción posterior.
Si Goya sufre un duro golpe a raíz de la enfermedad que le provoca la sordera, la guerra va a dejar una huella en su personalidad para el resto de sus días. En 1807 la situación nacional comienza a tambalearse. Las intrigas de Godoy y el afán de Napoleón por invadir las fronteras de España van a desembocar en el Tratado de Fontaineblau. Un año más tarde, Carlos IV tras el motín de Aranjuez abdica en Fernando VII. Finalmente los hechos se precipitan y José Bonaparte se instala en la corte, mientras el pueblo se alza en una larga guerra de resistencia contra la invasión francesa. En medio de este caos, Goya, amigo de los liberales y partidario de una reforma política, entiende que la ocupación de los franceses no es una solución definitiva al absolutismo. Pero mantiene su posición en la corte del hermano de Napoleón. Los acontecimientos históricos, sin embargo, no pasan desapercibidos por la mente de Goya y de ahora en adelante van a condicionar su pintura, repleta de desconfianza, miedo y una profunda amargura.
El número de encargos desciende, razón por la que el artista puede dedicar ahora más tiempo a sus creaciones personales, siempre relacionadas con los hechos terribles que presencia. El coloso es uno de los lienzos que sin duda merece un análisis más detallado. Aquí refleja su obsesión por el lado más oscuro de la realidad y anticipa la técnica de las Pinturas negras que plasma en la Quinta del Sordo, diez años más tarde. En la contemplación del cuadro se observa una enorme figura que se yergue al fondo entre las nubes como una tremenda amenaza, mientras, en primer término una multitud de hombres y animales huye despavorida, a excepción de un burro que se queda quieto y probablemente representa a la ignorancia. El pánico, el caos y los estragos que la guerra causa son simbolizados de forma original, como un gigante de aspecto fantasmagórico que causa dolor a su pueblo

La adoracion de los magos

 

Una vez finalizada la etapa paterna del artista, Botticelli sigue manteniendo lazos muy estrechos con el resto de la familia, quizás porque nunca llega a casarse. Una vez alguien le preguntó que por qué no contraía matrimonio con alguna bella florentina. Botticelli contestó que una vez soñó que se encontraba con una joven frente al altar. Entonces se levantó horrorizado, con un terrible sudor frío que recorría todo su cuerpo.
Existe una enternecedora historia que narra el amor platónico que Botticelli siempre procesó a una joven genovesa llamada Simonetta. Esta muchacha contrajo matrimonio siendo menor de edad con un Vespucci, familia italiana muy poderosa, vecinos de los Filipepi. La belleza de esta joven partió muchos corazones en Florencia, entre ellos el del propio Giuliano de Médicis, quien en un torneo llevó en su estandarte un tema realizado por Botticelli que hacía referencia al amor imposible de este Médicis. Aunque algunos eruditos apuntan que pudieron ser amantes.
La relación amorosa entre Simonetta y Giuliano ha sido interpretada por algunos críticos como la temática de varios de los cuadros del florentino. Así en Venus y Marte retrata a ambos personajes. Los rasgos físicos de esta diosa del amor se repetirán incansablemente en la obra de Botticelli. La mujer rubia, de cabellos rizados, ojos dorados, mirada tierna, rasgos dulces, labios tersos y piel pálida representa el tipo de fémina preferido por el artista. La modelo está en la mente del pintor: Simonetta.
El hermano de Giuliano, Lorenzo el Magnífico, político y poeta, describe con estos halagadores términos a la encantadora joven: <<Su cutis era extremadamente claro, pero no pálido; rosado, pero no rojo. Su porte era serio, sin ser severo; dulce y placentero, sin asomo de coquetería o vulgaridad. Sus ojos, vivos, no manifestaban arrogancia ni soberbia. Su cuerpo era finamente proporcionado, y entre las demás mujeres aparecía de superior dignidad. Paseando, bailando o en cualquier otro ejercicio que revela toda la persona, se movía con elegancia y propiedad. Sus sentimientos eran siempre justos y sorprendentes. Siempre hablaba cuando era conveniente y dando opinión tan acertada, que no se podía añadir o quitar a lo que iba diciendo. Su comprensión era superior a la que pide su sexo, pero sin aparentar darse cuenta de ello y sin caer en el error, tan común entre las mujeres, que cuando sobrepasan el nivel se hacen insoportables>>
Desgraciadamente la joven falleció tísica en plena juventud en 1476 y fue enterrada en la iglesia de Todos los Santos de Ognissanti, donde más tarde reposarán los restos de los miembros de la familia Filipepi. Su muerte conmocionó a la sociedad florentina, que acudió en masa a despedir a la bella genovesa.
Existe otra versión sobre la sexualidad de Botticelli que el romántico Ruskin, descubridor del florentino, explica abiertamente: <<Pues bien, convengo en ello: Botticelli es amanerado como lo eran casi todos los hombres de aquel siglo. Mucho de eufemismo, mucha estudiada gracia en la pose, mucha ostentosa erudición, mezclada con un gran ímpetu de fantasía>>. Un ejemplo patente se puede apreciar en la pose de Marte, en el mencionado cuadro de Venus y Marte.
Por último, el pintor fue denunciado anónimamente por mantener prácticas homosexuales con uno de sus discípulos en 1502. La acusación contra Botticelli por sodomía parece que no tuvo repercusiones.

Nastagio Degli Onesti III episodio

 

Botticelli también estuvo muy unido a sus tres hermanos, los únicos que sobrevivieron de los ocho hijos que tuvo el matrimonio Filipepi. El mayor, Giovanni, tiene 24 años más que Sandro, está casado y trabaja como corredor de comercio. Este joven fue apodado Botticello, es decir, tonelete, por sus kilos de más.
El siguiente hermano tiene 15 años más que Sandro y al igual que éste es orífice y dorador, es decir, trabaja de battigello. Algunos críticos piensan que fue Antonio quien enseñó a Sandro la profesión de orífice antes de dedicarse a la pintura. Más adelante, en 1472, cada uno se inscribe en la Compañía de artistas de San Lucas como dorador y pintor, respectivamente. Las buenas relaciones mantenidas entre ambos se rompen drásticamente con el fallecimiento de Antonio en 1493.
El tercero y último, que es pañero en Nápoles, se llama Simón y tan sólo se lleva un año de diferencia con su hermano menor. Tres años después de su vuelta de Nápoles en 1491, compran juntos una casa en Bellosguardo. Sin embargo en el registro oficial de 1498 figura que tanto Simón como Botticelli viven con sus sobrinos, Benicansa y Lorenzo, posiblemente en la casa donde nacieron.
El pintor recibe importantes sumas de dinero por los cuadros que ejecuta que le permiten ciertos lujos como la compra de esta villa. Botticelli gana 35 florines por el Retablo de Bardi en 1485 y 30 ducados por la Anunciación para la iglesia de Santa María Magdalena en 1488.
Sin embargo, la situación económica del pintor se resiente notablemente a raíz de los acontecimientos que agitan Florencia. La polémica suscitada por Savonarola es un punto de inflexión en la carrera del pintor. También su hermano Simón es partidario de las ideas que predica este fraile y parece que a la muerte del monje en la hoguera en 1498 tuvo que abandonar Florencia.
El cambio de siglo no es una buena señal para la economía del pintor. En un escrito de un agente de Isabel de Este se le recomienda a esta dama que llame a Botticelli para decorar su finca. Dice así: <<me ha sido alabado como óptimo pintor y como hombre que sirve de buena gana, y no tiene trabajo como los sobredichos [Perugino y Filippino Lippi]>>.
Además el pintor tiene cuentas pendientes desde 1503 con el gremio al que pertenece. Hasta dos años después no logrará saldar sus deudas. Aunque algunos críticos aseguran que fue éste uno de sus habituales descuidos y que el pintor tenía suficiente trabajo para vivir holgadamente. Otros como el viejo Vasari opinan que a Botticelli le gustaba vivir al día y que murió pobre y olvidado: <<obtuvo pingües ganancias, pero por su escasa administración y por su desidia todo lo malgastó. Finalmente se vio viejo e inútil [... y] murió enfermo y decrépito>>.

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