El estilo de Caravaggio

Existen distintos artistas que han intentando explicar la personalidad de Caravaggio. En general todas las fuentes literarias del momento coinciden en señalar su temperamento violento y pendenciero y su conducta desordenada. Escribe Van Mander en 1604: "Es una mezcla de grano y cascabillo: no presta una dedicación continua al estudio sino que, cuando ha trabajado un par de semanas, se va de juerga un mes o dos con el espadón al costado y un criado a la zaga, y anda de un juego de pelota en otro, siempre dispuesto a enzarzarse en duelos y armar alboroto, en forma que es raro que se pueda frecuentar su trato". Estas últimas frases parecen presagiar el incidente que motivaría la salida de Roma del Caravaggio en 1606: el artista mata a Ranuccio Tomassonni en un altercado que comienza durante un juego de pelota.
Tampoco tenían buena imagen de él en asuntos de higiene. Un biógrafo del siglo XVIII, Sussino, afirma que durante años comió sobre una tela de retrato que le servía como mantel. A lo que añade que durante el tiempo que vivió en Sicilia solía ir vestido a la cama con un puñal al costado y tal era la inquietud que le consumía que también de día iba siempre armado, hasta el punto de parecer "más bien un facineroso que un pintor".
Giovan Pietro Bellori explica que "era de tez oscura y oscuros tenía los ojos, las cejas y los cabellos", datos que concuerdan con las imágenes pictóricas del Caravaggio que se han conservado en nuestros día: dos retratos al carboncillo de Ottavio Leoni, un artista próximo a los círculos que frecuenta Caravaggio; y dos autorretratos reconocibles en el personaje que permanece de pie al fondo del Martirio de San Mateo y en la cabeza de Goliat que levanta David en la galería Borghese.
Bellori amplía la descripción física del artista afirmando que fue "bajo de estatura y feo de cara". Aunque esa estatura contradice la imagen que puedan transmitir actos biográficos como escaparse de los calabozos de la Orden de Malta, sobrevivir a una larga lista de heridas en altercados o su autorretrato en la cabeza del gigante Goliat.
Sin embargo, en esta descripción no puede faltar la de algún admirador. Por ejemplo, el poeta Gigli dedica al Caravaggio que él conoce personalmente los siguientes versos: "Fantástico el humor y extravagante / Pálido el rostro y el cabello crespo / Con sus largas melenas / Vivos los ojos, pero cavernosos..."
Se puede afirmar, por tanto, que la personalidad de Caravaggio está marcada por una nota que puede extenderse a toda su creación artística. Es el primer artista en el que se registra una honda y polémica contradicción a la hora de llevar a cabo un análisis, con imitadores entusiastas y críticas que llegarían incluso a la condena apocalíptica. Por ejemplo, el tratadista y pintor italoespañol, Vicente Carducho dirá que es el "Anticristo de la pintura". Descripciones apasionadas de la mano de grandes amigos y enemigos.

Amor victorioso
Jupiter,Neptuno y Pluton
San Juan Bautista

El padre de Caravaggio, Fermo Merisi, contrae nupcias en Milán el año 1563 con Magdalena Vacchi. El matrimonio tiene una hija, Margherita, antes de que el marido quede viudo. De ahí que en 1565 vuelva a casarse en Caravaggio con Lucía Aratori. De este segundo matrimonio nace Michelángelo, El Caravaggio; seguido de Giovan Battista; Giovan Pietro, que muere cuando todavía es un niño; y Caterina. En el año 1577 la fiebre acaba con la vida de su padre, y años después también desaparece su madre.
Sin embargo, Caravaggio niega tener familia cuando su hermano intenta hablar con él en Roma. Giovan Battista quiere ordenarse sacerdote y conoce la fama que está adquiriendo Michelángelo alojado en casa del cardenal Del Monte. Va a visitarlo, pero el prelado se queda tan sorprendido con su existencia que decide confirmarla antes de poner a los dos hermanos frente a frente. En ese encuentro El Caravaggio afirmará que no tiene nada que ver con aquél porque "siempre he vivido solo en el mundo". Cuenta Mancini que antes de irse para siempre Giovan Battista ruega a Dios que se apiade del alma de "este maldito" y "le haga la merced de verlo acompañado de esposa e hijos".
El encuentro de El Caravaggio con su familiar fue narrado por Mancini y con el tiempo se ha demostrado que se ajusta a la realidad. Hay documentos que prueban los intentos de ordenación de su hermano, que coinciden exactamente con la fecha en la que el pintor permanece en casa del cardenal Del Monte y hay constancia desde Milán de un viaje de Giovan Battista a Roma. Lo que es más difícil explicar son las causas de la ruptura de toda relación familiar. La versión más defendida por los estudiosos habla de desavenencias en el reparto de los bienes heredados el 11 de mayo de 1592. Entonces Michelangelo recibe dos pérticas de terreno en el pueblo de Cassano, mientras que Giovan Battista obtiene once pérticas de tierra y dos casas en Porta Folceria, en el mismo pueblo de Caravaggio. Esta diferencia puede deberse a que Michelangelo ha utilizado anteriormente una parte de las propiedades para liquidar sus deudas. A lo que se añade que los tíos favorecen en el reparto a Giovan Battista, un año menor que el pintor y cuya ocupación posterior de sacerdote hace pensar que les inspira más seriedad.
El resultado más palpable será que a su llegada a Roma Caravaggio dará por concluida cualquier relación familiar. Ni siquiera en sus comienzos más difíciles solicita la ayuda de un tío sacerdote, Ludovico, que vive en la ciudad.

Judit y Holofernes

 

Hasta la fecha no se conoce el nombre de ninguna mujer con la que El Caravaggio mantenga una relación sentimental duradera. Una de las primeras mujeres que sustituye a los adolescentes masculinos que aparecen en sus primeros cuadros es la cortesana Filide. Usa sus rasgos para pintar a Santa Catalina de Alejandría; en la Magdalena del tema Marta reprochando su vanidad a María Magdalena; y probablemente en Judit. Una reiteración que vincula al pintor con la modelo, aunque no se sepa nada más de esa relación.
Algo más intenso es su trato con Lena. Su rostro aparece en la Virgen de los Peregrinos y en la Virgen de la Serpiente y es la causante de que Caravaggio hiera al escribano Mariano Pasqualone d'Accumulo el 29 de julio de 1605. Concretamente, en esa fecha el pintor debe huir de la ciudad hasta que sus amigos buscan una componenda, ya que ha roto la cabeza al joven escribano. Así consta en los documentos de la época, junto a una versión novelesca realizada a finales del siglo XVII. Su escritor Giovan Battista Passeri afirma que Lena es una joven humilde de la que se enamora Pasqualone. Su madre se opone a que se case con él porque para los escribanos la "condenación es segura". Al mismo tiempo que Caravaggio ofrece pagar bien a la muchacha si posa para él. El enamorado recrimina a la madre de Lena que la "entregue como concubina a un excomulgado y maldito" y al enterarse de estas palabras el pintor decide darle una buena paliza a cambio. Poco más se sabe sobre la relación entre Lena y el pintor. Sólo que pudo ser la joven que apareció ahogada en el Tíber y cuyo cuerpo sin vida sirvió como modelo para pintar la Muerte de la Virgen en 1606. Un cuadro que, por cierto, causó tal escándalo que sólo encontró un comprador de excepción, Rubens, que por aquellos días se encuentra en Roma y decide adquirirlo para la colección de su señor, el duque de Mantua.
A estas relaciones casuales del pintor con las mujeres pueden añadirse otras muchas, tales como la constancia de su trato con otras prostitutas, denuncias por el impago a su casera Prudenzia Bruna, y finalmente algunos testimonios de sus contemporáneos insinuando su propensión a tener "amistades particulares". Se trata de declaraciones como la del pintor Tommaso Salini, que debe testificar con motivo de una denuncia por difamación que presenta su amigo Baglione contra Caravaggio. Salini afirma que "Giovani Battista, que vive detrás de Banchi, mantiene relaciones contra natura con Caravaggio y con Onorio Longhi". Dado que esta afirmación se realiza usando una terminología poco adecuada para un juicio, el juzgado que instruye la causa decide no recogerla.
Sin embargo la insinuación vuelve a repetirse cuando su primer biógrafo siciliano, el sacerdote Francesco Sussino, en torno al año 1724 consulta una serie de fuentes que le llevan a afirmar que Caravaggio durante su residencia en Mesina en 1609 espiaba las actitudes y gestos de un grupo de escolares que su maestro, Carlo Pepe, llevaba de paseo al puerto los días festivos. El maestro se arriesga a preguntar a Caravaggio el porqué de su actitud y obtiene por respuesta una paliza que motiva la huida del pintor de Mesina.
Son dos testimonios que muchos biógrafos no tendrían en cuenta si Caravaggio no hubiese pintado un amplio repertorio de cuadros protagonizados por sensuales efebos. Pertenecen fundamentalmente a la etapa en la que el pintor se aloja en casa del cardenal Del Monte. Allí se organizan reuniones musicales, comedias y oratorias, es decir, una especie de representaciones teatrales con música, en las que se muestran temas del Antiguo Testamento u otros motivos religiosos, intercalados con alegorías de carácter profano. El puritanismo del cardenal hace que no haya mujeres en estas reuniones y todos los papeles femeninos los realicen adolescentes. Da como resultado un ambiente tan ambiguo como el grado de implicación de Caravaggio en él.

Magdalena

La biografía de Caravaggio está llena de juicios y altercados, sin embargo, destaca uno especialmente porque en él Caravaggio deja constancia de su personalidad y del papel que juega en su vida su ejercicio como pintor. Se trata de la querella por difamación contra el artista que presenta el también pintor Giovani Baglione el 28 de agosto de 1603. El sumario del interrogatorio que se produce el 13 de septiembre de 1603 es revelador.
Mostrando una firme convicción en sus opiniones Caravaggio afirma textualmente: "No sé que puede haber ningún pintor que alabe por bueno a Giovani Baglione. Las obras de Baglione las he visto casi todas(...). La pintura de la Resurrección, en la Iglesia de Jesús, no me agrada porque es estúpida y la tengo por lo peor que haya hecho y dicha pintura no la he oido alabar por ningún pintor y con cuantos pintores la comenté a ninguno ha agradado".
Es igualmente crítico con la obra del discípulo de Baglione. A él se refiere en estos términos: "puede ser que todavía siga deleitándose y pintarrajeando, pero nunca he visto ninguna obra de ese Mao".
Pero además sus palabras son significativas porque con ellas queda de manifiesto el lugar que ocupa la actividad de pintor dentro de la personalidad del artista. Considera que ser "buena gente" es ser "gente que sabe obrar bien, o sea, que sabe hacer bien su arte. Así, en pintura, porque sabe pintar bien e imitar las cosas naturales".
Tras el juicio, Caravaggio ingresa en prisión, una vez más necesitará de la influencia de algún protector para salir de la cárcel. En este caso se trata de un personaje de la talla del embajador francés.


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