EXPLORA SIN VELOS LOS CUERPOS Y LAS EMOCIONES.
AMOR, SEXUALIDAD Y TIEMPO. PRODUJO UN REVUELO CONSIDERABLE EN LA SOCIEDAD ALEMANA.

"Hoy murió mamá." El enunciado de la noticia coincide con el lacónico informe con el que se inicia El extranjero . Pero no fue extraído de Albert Camus sino de un e-mail privado que refiere otra historia: "Había cumplido 92, pero desde que enviudó, a los 46, nunca más tuvo relaciones íntimas con un hombre".

Este testimonio verídico permanecerá anónimo por una discreción obligada frente a experiencias de vida que marcaron una época. Medio siglo atrás, una mujer que rondaba los 50 era considerada una "señora mayor"; cuando enviudaba, el entorno le indicaba que lo más "correcto" era aceptar una vida retirada. Si en esa condición el deseo la inclinaba al erotismo, lo habitual era reprimirlo o vivirlo en la clandestinidad. La literatura, el folletín televisivo, el cine y la crónica abundan en relatos de amores escondidos que intentan zafar de esa imposición cultural. La situación no se ha revertido del todo, pero se trata de una cuestión que en los últimos tiempos se está instalando con creciente inquietud: ¿qué pasa con la sexualidad en la edad madura?

Cuando desaparece el entorno censor, se advierte la dimensión del tabú, ya que la restricción aparece en la privacidad: una pareja de sexagenarios debe sortear otras limitaciones si atina a pasar de una cena galante a la exposición de los cuerpos en la intimidad de la alcoba. Y es que, en el fondo, la "mirada social" subsiste, internalizada, sutilmente inoculada en el bombardeo de los media , a través del cine y -sobre todo- de esa publicidad que prestigia modelados cuerpos jóvenes.

El tabú de la exposición del cuerpo envejecido gravita con peso contundente por factores de índole religiosa, política, psíquica. En un verdadero desafío, Ingmar Bergman, en Saraband , confrontó a una pareja de ex cónyuges treinta años después de su divorcio, y se atrevió a proponerles a sus intérpretes que, en un arranque de nostalgia y fraternidad, dos seres amenazados por la vejez y la soledad se desnudaran y compartieran, de nuevo, la cama. Liv Ullman se dejó filmar en un recorte lumínico que dejaba ver sólo su silueta, pero Erland Josephson compareció de frente, con su cuerpo de casi ochenta años marcado por el irreversible deterioro. Bergman, conocedor de almas, en 2003 se atrevió a unos planos para entonces infrecuentes en la cinematografía, pero lo que planeaba en la escena era, precisamente, una ausencia total de erotismo; por el contrario, se insinuaba una piadosa ternura, al borde del patetismo, sin el mínimo resabio de la atracción física que la pareja podía haber vivido tres décadas atrás, en la ficción de Escenas de la vida conyugal.

Como una explosión

Un sacudimiento decididamente perturbador en la historia occidental de la representación de relaciones sexuales adultas se verificó hace unas semanas, en Alemania. El aldabonazo, si no la explosión, lo produjo el film Wolke Neun , literalmente "La nube nueve" (título que alude a una suerte de séptimo cielo), de Andreas Dresen, un realizador sin estridencias en materia de medios expresivos pero sagaz a la hora de golpear en profundidad. Como se advertía en Verano en Berlín -el trabajo anterior del realizador, presentado en Buenos Aires en 2006 en el Festival de Cine Alemán con la presencia del cineasta-, Dresen esgrime una mirada ascética y crítica sobre los vicios del consumo (nació y se formó en la desaparecida RDA) en la era de la globalización.

El conflicto de Wolke Neun podría referir el lugar común de un triángulo, si no fuera por la edad de los personajes que lo conforman: por un lado, un matrimonio; él es Werner, 70 años, jubilado; ella, Inge, que ya pasó los 65, ha reflotado su métier de modista para reforzar los magros ingresos. Por otro lado comparece Karl, un señor de 76 años, refinado, cliente de Inge. Un día ella va a su casa a probarle un pantalón que le está confeccionando y allí, inesperadamente, estalla la pasión: se desvisten y se dejan caer sobre la alfombra. "No creí que me volvería a pasar", se dice Inge, incrédula, después de la erupción del volcán dormido. La "edad avanzada" da sorpresas, en un sentido y en otro (con significado inverso, Jean-Louis Trintignant alguna vez expresó su desconcierto con la famosa frase "Nadie me advirtió que esto iba a ocurrir", cuando comprobó que estaba envejeciendo). La culpa de romper el equilibrio en la relación unidimensional de casi cincuenta años impulsa a Inge a confesarse ante su esposo, pese a que su hija le aconseja no hacerlo. Werner reacciona mal y la aventura amorosa no acaba bien.

La película, que se había dado a conocer en febrero en la Berlinale, convocó a 60.000 espectadores en Berlín y en Dresde, sólo en los tres primeros días de exhibición, una cifra inusual en Alemania para films nacionales, con una respuesta movilizadora de un público -en especial, las mujeres- que aplaude y discute. La crítica y la intelectualidad, por su parte, ven en el planteo de Dresen -y, en particular, en su exposición- uno de los síntomas de una sociedad en vías de ostensible envejecimiento y las reacciones instintivas frente a ese fenómeno.

El despertar de los viejos ante una tardía nueva oportunidad de vivir intensamente había dejado ya unas cuantas señales en la ficción y en la crónica. En su rentrée a la Alemania de posguerra, Bertolt Brecht narró la reacción posduelo de una viuda en un cuento de los Kalendergeschichten (1953, publicado en la Argentina por Fabril: Historias de almanaque , 1960). René Allio lo adaptó al cine con el título La vieja dama indigna (1964), en la que una ascética visión marxista -tanto del escritor alemán como del realizador francés- entibiaba la arista erótica que se despierta en la renovada madame Berthe (la actriz Sylvie, estupenda) cuando, una vez que ha quedado sola, decide vivir a fondo. Pero, no obstante, la trama subraya un viraje importante en la civilización europea de entonces: en su ebullición, la vieja elige dejar de actuar "pour les autres" . Berthe pasa a ignorar los prejuicios de su familia y de su entorno.

Al comienzo de El amor en los tiempos del cólera -otro emergente canónico de la cuestión sexo/vejez-, el mulato Jeremiah de Saint-Amour se suicida el día en que cumple 60 años, un ritual anunciado con mucha antelación, sólo por no tener que atravesar una vejez insoportablemente condenada a la privación de sexo y amor. Como en un contrapunto, García Márquez opone a la conducta de Jeremiah la virilidad prodigiosa -y obsesiva- de Florentino Ariza ("si uno sigue, el cuerpo sigue", reza la máxima de Florentino), entrenada durante 50 años de espera, hasta que Fermina Daza enviuda; así logra compartir con ella el extravagante crucero, escenario del tardío maratón erótico entre viejos. Pero, en rigor, esta invención ambientada en legendarios tiempos de peste pivota en las situaciones arquetípicas (en rigor, atemporales) y en las hipérboles de Gabo, las cuales, lejos de toda verosimilitud realista, describen al septuagenario Ariza frente a su postergada amada ostentando "su arma de guerra [?], con la guardia en alto".

En cuanto a relaciones asimétricas (viejos con jóvenes), hay que recordar una comedia negra de Hal Ashby, Sólo 80 ( Harold and Maude , 1971, de la que hubo una versión teatral en Buenos Aires con Hedy Crilla), el amor entre el díscolo y obsesivo Harold, de 19 años, y la anciana Maude (79, una notable Ruth Gordon). Y, más cercana y apoyada en un romance real, Cet amour-là ("Ese amor", de Josée Dayan) reconstruyó en 2001 la relación de Marguerite Duras con el joven escritor Yann Andrea Steiner, una relación poco convencional iniciada en 1975, cuando Duras presentó su film India Song en la universidad donde estudiaba Yann. En 1980 el vínculo alcanzó fuertes tintes eróticos; por entonces, la escritora rondaba los 70 años. Fue interpretada en la ficción por una conmovedora Jeanne Moreau.

Mariposas en el estómago

Qui fait l´amour toujours, peut baiser l´éternité.
Paul Léautaud

En una conferencia dictada el año pasado en la Universidad de Lyon 1, el psiquiatra y sexólogo Gérard Ribes resumió los prejuicios en torno a la ecuación sexualidad/envejecimiento, que se han sucedido desde las primeras aproximaciones a la cuestión ( Physiologie du mariage, 1873, de "un tal Debay"), pasando por Voltaire y Oscar Wilde, hasta llegar al mismísimo Michel Foucault, en quien entrevé una estimación retrógrada ("un sexo consagrado a la prohibición, a la inexistencia, a lo vedado", cita Ribes); a ellos les atribuye "creencias y representaciones" negativas: la sexualidad en personas de edad avanzada habría sido considerada -según Ribes- "ridícula, peligrosa, transgresiva, fuera de las normas".

La observación de la conducta cotidiana actual deja ver nódulos resistentes en este terreno, pero también cambios. Hay señales que -en cierto hogar- indican a los chicos que la abuela está experimentando cambios, desde que la ven frecuentar a un desconocido galán maduro y escuchar de la anciana la incomprensible declaración de que ha vuelto a sentir "mariposas en el estómago" ( sic ), inestimable metáfora de su excitación -dato también anónimo, recogido de la realidad-, la cual, por cierto, no le resulta desdeñable.

A esta altura queda claro que los planteos del film de Andreas Dresen apuntan a un estatus reservado pero sin duda vigente en la intimidad actual de ciertas clases y comunidades. La inquietante novedad que introduce Wolke Neun radica, sobre todo, en el nivel de la representación, en el registro de lo no mostrable, de lo "perverso" de la sexualidad en una edad avanzada: aquí las escenas sexuales van más allá de la fulminante relación entre Inge y su amante Karl; alcanzan también las escenas "domésticas" de ella con su esposo Werner. Hasta ahora, el erotismo en el cine se ajustaba a otros arquetipos. "¿A quién le interesa ver a una pareja de viejos, gordos y arrugados, manteniendo una relación sexual?", se preguntó el diario alemán Bild después del estreno de la película, en clara alusión a modelos impuestos en historias protagonizadas por figuras como Brad Pitt o Scarlett Johansson. "Simple -dice la misma publicación-: a quienes quieren ver por fin una love story erótica pero realista, apasionada y conmovedora."

 

      + Agréguenos a Favoritos                                                                                                                                                                            ^subir       

RESTAURACION  TIEMPO´S
- Restauración de Muebles desde hace más de 50 años en Argentina -
Curapaligüe 373, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina
Teléfonos: (00 54 11) 4633-4500  y  4633-6200
E-mail: info@restauraciontiempos.com.ar - Sitio web: www.restauraciontiempos.com.ar

© 2007/2016 - Restauración Tiempos