El estilo de El Greco


Debe recordarse aquí lo poco que se sabe de la familia del Greco. De su padre, únicamente sabemos el nombre, Goorgio o Zorzi, y que en 1566 había ya fallecido. En cambio estamos mucho mejor informados de su hermano Manussos, diez años mayor que él y al parecer hombre de sólida posición económica. Entre 1566 y 1583 ejerció en Candia como recaudador de impuestos por cuenta de la República de Venecia. Además, entre 1569 y 1577 aparece citado en varias ocasiones como Presidente de la Cofradía de navegantes de la ciudad y, a no ser que se trate de otro personaje con el mismo nombre, en 1571 obtuvo del Dux de Venecia una patente de curso con otros cuatro hombres para ejercer la piratería contra los turcos. Manejando por su cargo miles de ducados al año, Manussos era, pues, un miembro prominente de la sociedad candiota y un hombre claramente comprometido con el poder veneciano, para el que actuaba casi como un funcionario. Su posición no se resentiría hasta 1583 en que quedó a deber 6.000 ducados al gobierno. Entonces se vio obligado a vender sus bienes y, al no poder satisfacer la totalidad de la deuda, fue condenado a prisión, permaneciendo encarcelado durante cuatro años. Después consiguió trasladarse a Venecia, donde obtuvo un plazo de doce años para saldar sus débitos y vivió entre 1583 y 1591, inscribiéndose en la comunidad ortodoxa de San Giorgio dey Greci y presentándose, sin éxito, en dos ocasiones como candidato para el Capítulo de los Cuarenta, el Consejo de Gobierno de la Comunidad. Finalmente, y quizá agobiado por su deuda con el gobierno, abandonó Venecia hacia 1591 yendo a vivir junto a su hermano en Toledo. Allí moriría en 1604, siendo enterrado en San Cristóbal.
Es muy posible que Manussos haya jugado un papel importante en la formación del Greco. Algunos autores han pensado que a la muerte del padre debió encargarse de asegurar su educación. Otros lo sitúan en el centro de la decisión de marchar a Venecia, pensando que sus relaciones allí facilitaron la entrada del joven pintor en el taller de Tiziano. Y hay quien piensa, incluso, que ambos hermanos hicieron juntos el viaje a la ciudad de los canales (nada más lógico que suponer que Doménikos acompañó a Manussos en la visita que éste haría en 1567 tras ser nombrado recaudador de impuestos). Son simples hipótesis, pero no carecen de fundamento. La profundidad del afecto del Greco hacia su hermano se mantuvo a lo largo de los años sin que la separación física hiciese mella en él. Cuando nació su hijo en España, le dio a la manera tradicional griega, el nombre de su padre, pero le añadió el de su hermano. Y en 1591, cuando Manussos se encontraba en una situación desesperada, lo recogió en su casa dándole cobijo hasta el final de su días. Quizá con ello no hizo más que pagar la larga deuda contraída con él en la juventud.
Por otro lado, en 1578 nació en Toledo Jorge Manuel, el hijo que Doménicos tuvo con Jerónima de las Cuevas, de la que poco se sabe. En el censo de vecinos de Toledo en 1561 aparece una Jironima de cuebas en la calle Azacanes, que viviría sola y tendría entonces 15 o 20 años, por lo que, si se trata de la misma persona, cuando El Greco llegó a Toledo tendría algo más de treinta años. Las hipótesis sobre quién fue esta mujer, si fue noble, si vivió con El Greco, si era morisca, si no se casó por estarlo ya anteriormente el artista, si es el rostro de muchas de sus vírgenes,... no dejan de ser hipótesis mientras no aparezca nueva documentación al respecto.

Anunciación
Asunción de la Virgen

Además de su hijo, sin duda su gran discípulo, sabemos que fue ayudante suyo el pintor italiano Francisco Preboste, que quizá había venido con él desde Roma, y que trabajaría con El Greco no sólo como pintor sino también como agente hasta 1607, aunque no se conoce ninguna obra suya.
Sobre quiénes fueron sus ayudantes y aprendices, además de los nombrados, tampoco se tienen certezas. Parece que también pudo trabajar con él Orrente y el padre Mayno, así como los escultores Giraldo de Marlo y Miguel González.
También Luis Tristán trabajó en el taller del Greco entre 1603 y 1607. Su obra sí está influida por la del maestro, pese a la importancia que en ella tiene el nuevo naturalismo del Barroco, que irrumpió en la pintura toledana antes de la muerte del Greco. Fue discípulo predilecto suyo, ejecutor, por recomendación del maestro, de aquellos encargos importantes que éste no podía o no quería llevar a cabo.
Por otra parte, se ha hablado mucho del binomio Greco-Miguel Angel, de su posible enemistad o competencia y de la rivalidad existente, sobre todo, por parte del primero. Lo cierto es que durante su estancia en Roma tuvo ocasión de conocer a fondo la obra de uno de los mitos de arte del Renacimiento: aunque El Greco desdeñó el predominio del dibujo en la obra de Miguel Angel, a quien criticó por su mal uso del color, se verá influido por sus estudios anatómicos. Ese interés por reflejar la anatomía del cuerpo humano, pero no partiendo de estudios del natural, sino a la "maniera" de Miguel Angel, será también característico en la obra del Greco. Es decir, la influencia de la obra de Miguel Angel en los artistas romanos en los años en que El Greco estuvo en Roma es incuestionable, las copias de sus pinturas estaban en todos los talleres y sus composiciones sirvieron de inspiración al cretense en muchas de sus obras.
Con respecto a la obra de Miguel Angel, durante sus años de estancia en Roma, El Greco se ofreció a pintar de nuevo El Juicio Final con "decoro y decencia". Aunque no fueron muchos los comentarios que del Juicio Final formuló El Greco si deja entrever que su opinión era que podía haberse pintado mejor.
Al igual que ocurriera en su momento con Leonardo da Vinci y Miguel Angel, la leyenda ha querido explicar la salida del Greco de Roma por la irritación que tal propuesta produjo ante los pintores, pero esto es algo muy cuestionado hoy en día. Quizá admiración, rivalidad, crítica o envidia. El hecho es que aunque llegaran a conocerse, su posible enemistad se centró exclusivamente en el campo profesional, en las consideraciones que sobre Miguel Angel formulara nuestro artista candiota.

El velo de la Veronica

 

El Greco tuvo muchos pleitos a lo largo de su vida por el pago de sus obras, pero en relación con su formación y la consideración social que según él merecía el arte, el que hay que recordar es su famoso altercado con el alcabalero de Illescas. Las pinturas que hizo para el iglesia del Hospital de la Caridad le dieron desde luego muchos problemas. Cobrarlas fue una verdadera odisea y finalmente tuvo que aceptar un pago muy inferior al del valor real de las pinturas. Además de ello, El Greco se negó a pagarle al alcabalero de la villa de Illescas los derechos de alcabala por los cuadros.
Este pleito fue tradicionalmente considerado como el primero que demostró públicamente en España que la pintura era un arte liberal y, por tanto, no sujeta al pago del impuesto de la alcabala.
Aunque la Universidad de Toledo no fue especialmente relevante en el panorama académico de la época, tenía estrechas relaciones con la de Salamanca y, sobre todo, con la de Alcalá de Henares, que había fundado el cardenal Cisneros y de donde procedieron algunos de sus más ilustres profesores. Es el caso de Alvar Gómez de Castro, catedrático de griego, es decir, de esa lengua que para El Greco tendría tanta resonancia personal por sus propios orígenes. No parece que sea especialmente importante si El Greco y este sabio, experto además en Antigüedad Clásica, se conocieron personalmente, pues la huella del humanismo de la obra de Alvar Gómez de Castro fue profunda en Toledo.
Fueron precisamente Salamanca, Alcalá de Henares y Toledo los grandes focos del helenismo español del siglo XVI. Pero si eso ocurría en sus universidades, en otro plano hay que decir que fueron bastantes los griegos de paso por la ciudad de Toledo de que se tiene constancia documental y alguno de ellos se relacionó con El Greco: fue albacea de Estacio Icónomo, muerto en Toledo en 1605, traduciendo lo que tuvo que declarar ante la Inquisición el griego Demetrio Rizos Calcandil.
Del mismo modo, cuando su hermano Manussos se fue a vivir con El Greco a Toledo, se relacionó con algunos de los más cultos helenistas toledanos: quizá con el citado Alvar Gómez de Castro y, por supuesto, con su amigo Antonio de Covarrubias.
Lo cierto es que en Toledo el entramado de relaciones entre algunos de los hombres más cultos de aquel tiempo siempre bordea lo que se sabe sobre El Greco, aunque no quede constancia expresa de la existencia de amistades, reuniones,... entre el pintor y humanistas de la talla de los citados. Uno de ellos, García de Loaysa y Girón, que llegó a ser arzobispo de Toledo, trabajó para Francisco de Pisa, y colaboradores suyos fueron Diego de Castilla y Antonio Covarrubias. Sí existe constancia de que tanto este último como Pisa tuvieron relaciones de amistad con El Greco.
Lo único que en lo que la crítica coincide, es en afirmar que El Greco, y más desde la llegada de su hermano Manussos a Toledo, se relacionó con personalidades cultas y bien situados, muchos de los cuales fueron sus principales clientes.


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