EL JARDIN DE LOS MEDICIS

Miguel Angel nació el 6 de marzo de 1475 en Caprese, pueblo cercano a Florencia, capital de la región de la Toscana. Buonarroti es el segundo hijo de una familia de cinco varones. No obstante, el artista toscano asume pronto el papel de primogénito, cuando su hermano mayor ingresa, a los siete años, en la orden de los dominicos. Además, tiene también que afrontar a los seis años de edad la muerte de su madre, llamada Francesca.
Pocos datos se tienen de la infancia del artista. A las tres semanas de nacer, su padre, Lodivico di Lionardo di Buonarroti, corregidor y juez de paz, se traslada a Florencia, aunque Miguel Angel permanece en el pueblo de Settignano bajo los cuidados de una nodriza, hija y esposa de canteros, que le amamanta.
A los trece años, en 1488, entra en el taller de Ghirlandaio. Un año después sus rápidos y brillantes avances logran que sea admitido en el jardín de los Médicis, lugar lleno de bellas esculturas, que permitía a los muchachos que mostraban aptitudes permanecer en continuo contacto con el arte y la belleza. El maestro que instruía a los jóvenes allí reunidos era un discípulo de Donatello, Bertoldo di Giovanni.
Lorenzo de Médicis, apodado el Magnífico, enseguida descubre el talento del joven y acoge al niño bajo su tutela. En este ambiente, crea sus primeras obras escultóricas. Miguel Angel sólo tenía 15 años cuando esculpió la Cabeza de fauno, que tanto agradó a su protector, hoy perdida. También es autor con 16 años de la Virgen de la escalera y con 17 de la Batalla de los centauros.
En 1492, muere Lorenzo el Magnífico y Miguel Angel, pesaroso por su fallecimiento, regresa con sus padres. Una vez en el hogar paterno, estudia anatomía por su propia cuenta. Los monjes del hospital del Santo Spirito, que custodiaban a los muertos, le permiten diseccionar a los cadáveres. En agradecimiento, Miguel Angel regala a estos monjes un crucifijo de madera, en la actualidad perdido.
Sin embargo, enseguida fue llamado de nuevo a Florencia por Pietro, hijo del fallecido Lorenzo de Médicis, quien va a permanecer poco tiempo al mando de la familia y de la ciudad por sus desafortunadas negociaciones con el rey francés Carlos VIII, que avanza con sus tropas sobre Florencia. Se inicia una revuelta contra los Médicis que termina con el destierro de Pietro.
Tres semanas antes de este acontecimiento, Miguel Angel, preveyendo esta revolución, abandona la ciudad y se dirige en 1494 a Venecia montado a caballo. Sin embargo, la escasez de dinero le detiene en Bolonia. Allí conoce fortuitamente a Gianfrancesco Aldovrandi, hombre influyente en los círculos sociales de esta ciudad, que le propone completar la Urna de Santo Domingo de Guzmán. Para ello, cincela tres estatuas.

ROMA, CAPITAL DEL ARTE

Miguel Angel regresa, en 1495, a Florencia. En el breve período que permanece en la capital toscana, esculpe un pequeño Cupido durmiendo. Baldassare Milanes, comerciante romano compra la figura por 30 ducados y la vende envejecida al cardenal Riario por 200 piezas de oro. Enseguida se descubre el engaño y se inicia una investigación. Finalmente, Buonarroti, libre de responsabilidades, es llamado a Roma por el cardenal, para que trabaje bajo su protección.
Miguel Angel llega a la ciudad pontificia en 1496. En este período conoce a uno de sus mejores clientes, el banquero Jacopo Galli, quien le encarga esculpir el Baco y la Piedad, obra que realiza con 23 años y que le vale el calificativo de genio.
En 1501, se vuelve a trasladar a Florencia. Allí recibe muchos encargos. Los administradores de la catedral le ofrecen un bloque de mármol, que había sido iniciado por otro escultor. De aquella piedra, rechazada por otros artistas, Miguel Angel da forma durante más de dos años al David, terminado en 1504.
Otra obra destacable de esta época es el cartón extraviado de la Batalla de Cascina. Esta pintura estaba destinada a cubrir un mural contiguo a otro de Leonardo, quien estaba representado la Batalla de Anghiari. Es posible, entre otros motivos, que le ofreciesen ese encargo para estimular a Leonardo a terminar una obra que se alargaba en el tiempo.
Con el nombramiento del nuevo Papa Julio II, Miguel Angel es llamado de nuevo a Roma en 1505, quien acude posiblemente convencido por el gobernador de Florencia, Piero Soderini, para no complicar las delicadas relaciones entre ambos estados. Julio II le encarga al artista la grandiosa obra de su sepultura.
Miguel Angel permanece ocho meses en Carrara seleccionando los bloques de mármol. Sin embargo, a su regreso a Roma, el Papa ha perdido el interés en esta obra. Es posible que las intrigas de Bramante influyesen en la decisión de Julio II de centrar sus esfuerzos en la futura Basílica del Vaticano, cuyo proyecto él dirigía. En la sede papal, Buonarroti recibe excusas para el pago de los mármoles e incluso llegan a negarle la entrada a la cámara pontificia.

LAS PACES CON JULIO II

Miguel Angel, indignado, abandona Roma en 1506 y se dirige rápidamente a Florencia. Los emisarios del Papa logran alcanzarle en Poggibonsi, cerca de Florencia, pero se niega a regresar con ellos. El Pontífice insiste. Miguel Angel le propone continuar las obras de la tumba desde Florencia e ir enviando las piezas, según estuviesen terminadas, a Roma. El Papa no acepta.
Finalmente el gobernante de la ciudad, Piero Soderini, ante la insistencia del Pontífice, concede a Miguel Angel el título de embajador de la República para que el Papa le tratase con respeto por temor a la reacción de Florencia.
En Bolonia -ciudad a la que se dirige el Pontífice con su tropas para impedir su independencia-, en noviembre de 1506, Miguel Angel y Julio II se reconcilian. Sin embargo, cuando éste le encarga su próximo trabajo, una estatua de Julio II a caballo en bronce, victorioso por la conquista de la ciudad, vuelven a enfrentarse. El artista toscano se opone porque la fundición de bronce no es su oficio, pero es inútil. Buonarroti permanece quince meses en Bolonia fundiendo la estatua, ajeno, afortunadamente, a la enfermedad de la peste que invade la ciudad.
Tras una breve estancia en Florencia, el Papa le llama a Roma para pintar la Capilla Sixtina. Es posible que este encargo fuese una confabulación de Bramante para desacreditar al artista en un terreno que no era el suyo. Miguel Angel, de espíritu escultor, se niega, y propone a Rafael, pero es en vano. Cuatro años tarda Buonarroti en pintar la bóveda de la Capilla Sixtina. En octubre de 1512, el artista toscano baja de los andamios con el cuerpo dolorido por las incómodas posturas adoptadas.
El 21 de febrero de 1513 muere Julio II. Los Papas sucesores de Julio II, sobre todo, los de la familia Médicis, León X y Clemente VII, continúan mandando encargos a Miguel Angel. Estos nuevos trabajos dificultan la conclusión del sepulcro de Julio II, que insistentemente le exigen los albaceas testamentarios del Pontífice fallecido.
En los tres primeros años del papado de León X, esculpe dos esclavos y termina el Moisés. Como los nuevos encargos impiden al artista ocuparse del sepulcro de Julio II, los Papas obligan poco a poco a los albaceas testamentarios a reducir las dimensiones del sepulcro hasta que en 1542 se estructura el plan definitivo.

Capilla sixtina : Creación de Adán

León X, sucesor de Julio II, encarga un nuevo proyecto a Miguel Angel. Así en 1518 se firma el contrato para realizar la fachada de San Lorenzo en Florencia, iglesia de la familia Médicis, proyectada por Brunelleschi, pero las obras ni siquiera llegan a iniciarse. El contrato se rompe en 1520 por la amenaza de Carlos I y Francisco I de entrar en guerra.
Durante estos años, Buonarroti está dirigiendo las obras de transporte de los bloques de mármol de Pietrasanta en Florencia. Una ardua labor por la precariedad de estas canteras. El Papa le ordena extraer de ahí, en vez de Carrara, el preciado material.

Miguel Angel comienza en 1521 la sepultura común para cuatro Médicis relevantes en la recién construida sacristía de San Lorenzo. Buonarroti tampoco logra terminarla, pero al menos realiza dos de las sepulturas para Giuliano y Lorenzo de Médicis y ocho estatuas. Mientras realiza esta obra, también dedica parte de su tiempo en 1524 a trabajar en el vestíbulo y en la sala de la Biblioteca Laurenciana.
En 1527, se produce el último levantamiento contra los Médicis. En estas fechas, Francisco I y Carlos I se disputan la supremacía en Italia. El 19 de mayo, Francia, aprovechando el Saqueo de Roma por las tropas imperiales, expulsa por tercera vez a los Médicis. Vuelve la República, pero Clemente VII -que es Papa desde 1523 y también miembro de la poderosa familia de banqueros- se alía con el emperador español para reconquistar la Toscana.
Los florentinos deciden defenderse y en sus filas figura el artista toscano. Miguel Angel es nombrado maestro de fortificaciones y miembro del consejo de defensa. En la ciudad, había traidores como el jefe militar, Malesta Baglioni, que querían la vuelta de los Médicis y Buonarroti, que sospechaba de ellos, advierte del hecho, pero es ignorado.
Miguel Angel, despechado y temiendo por su vida, abandona el conflicto para dirigirse a Francia en 1529. Sin embargo, no llega a salir del territorio italiano y regresa a Florencia a los pocos meses. Allí es perdonado por huir. Sólo se le impide ser nombrado durante tres años miembro del Gran Consejo.
El 12 de agosto de 1530, las personas denunciadas por Miguel Angel traicionan Florencia. La ciudad capitula, y con la vuelta de los Médicis, la República se va a transformar en 1532 en Ducado. Alessandro, el hijo bastardo y mulato de Giulio de Médicis, antes de ser nombrado Papa como Clemente VII, es su gobernante.
Alessandro le pide a Miguel Angel que construya una fortaleza para él, a lo que el artista se niega. Esta parece una de las causas que provoca el enfrentamiento entre ambos. A su muerte, asesinado a manos de otro de los Médicis, Buonarroti esculpe, en 1539, un busto de Bruto en su memoria.
Miguel Angel permanece escondido hasta que el Pontífice le garantiza la vida y la libertad. Por estas fechas, el artista toscano sigue recibiendo encargos y pide ayuda al Papa, quien ordena a Buonarroti que trabaje sólo en la Capilla de los Médicis y en la Tumba de Julio II, amenazándole con la excomunión en el caso de que acepte cualquier otro encargo.
En 1532, Miguel Angel, conoce a Tommaso Cavalieri. Existen estudios que niegan la homosexualidad de Buonarroti y otros que lo afirman. Tommaso, aunque después de conocer a Miguel Angel, se casó y tuvo hijos, no se aparta del maestro y permanece junto a él hasta en su lecho de muerte.

Capilla sixtina: Creación de los astros

EL JUICIO FINAL

Miguel abandona Florencia para siempre en septiembre de 1534. Se dirige a Roma, donde muere Clemente VII dos días después de su llegada. El nuevo papa Pablo III le encarga otra pintura en la Capilla Sixtina, el Juicio Final. Esta obra se inaugura siete años después, en 1541. El mural está inspirado en La divina comedia de Dante.
Al año siguiente del inicio de esta pintura, recibe el nombramiento de primer arquitecto, escultor y pintor del Vaticano. Este cargo le supone una renta anual de 1.200 escudos de oro.
Durante la realización del mural recibe una carta de Pietro Aretino, hombre temido por su mordaz pluma. Este realiza varias sugerencias para que Buonarroti aplique en el proyecto del Juicio Final, cuando la pintura ya había sido iniciada y le pide que le regale alguna de sus obras. Miguel Angel le contesta irónicamente, negándoselo todo. Aretino no se da por vencido e insiste durante mucho tiempo.
Ocho años después de la primera carta, escribe otra que hace pública, donde critica los desnudos de El juicio final. Esta carta pone en peligro al autor, porque la actividad de la Inquisición se había reactivado en los últimos años con motivo de la Reforma protestante en Italia. De hecho, en vida, en 1560, conocerá la decisión del Pontífice Pablo IV de cubrir las desnudeces de algunas de las figuras de su obra.
En 1536, aproximadamente, Miguel Angel conoce a Vittoria Colonna, viuda del marqués de Pescara, protagonista de la Batalla de Pavia, en la cual pereció con todos los honores. Parece que ésta es la única mujer que amó, aunque su relación fue pura.
Junto al parque de los Colonna, distinguida familia italiana, estaba la pequeña capilla del Monasterio de San Silvestro in Monte Cavallo. En este lugar se celebraban las reuniones, a las que acudía Buonarroti. Allí se hablaba de actualidad, política, arte y, sobre todo, de religión. La amistad entre ambos perdura hasta la muerte de Vittoria, el 25 de febrero de 1547.
El 1 de enero de 1547, Miguel Angel, después de ejecutar varios frescos para la Capilla Paolina, es nombrado arquitecto mayor de San Pedro, cargo que será ratificado en 1552 por el siguiente Papa Julio III. De momento, Pablo III le encarga que termine las obras de San Pedro, la Plaza del Capitolio, y los edificios circundantes.
En 1550 comienza a trabajar en la Piedad y en 1555 en la Piedad Rondanini. La hora de su muerte está cerca. Miguel Angel tiene 89 años. El artista ha sobrevivido ha todos sus amigos, parientes y también a sus enemigos. Su fuerza moral, le permitió seguir trabajando hasta el último momento. Así, permaneció en su taller el sábado y domingo, sin darse cuenta de que eran días festivos. Estaba entregado a la creación de la Piedad Rondanini. Cuatro días después, el 19 de febrero de 1564, fallecía acompañado de su médico, de su sirviente Antonio, de Tommaso Cavalieri y Daniele de Volterra.
El cadáver fue depositado en la iglesia de los Santos Apóstoles. Su sobrino se encargó de trasladar los restos a Florencia como era deseo de Miguel Angel. La operación tuvo que realizarse de noche, a escondidas, por miedo a que los romanos intentasen retener su cuerpo. Una vez en su amada Florencia, permaneció en San Lorenzo, para que el pueblo florentino pudiese despedirse de él. En la iglesia de Santa Croce está la sepultura, donde descansan sus restos.

Estudio para un David en bronce
Capilla sixtina
Capilla sixtina: Caida del hombre

Miguel Angel Buonarroti es uno de los mayores genios de la historia del Arte. Estos hombres de talento tienen fama de ser personas introvertidas y complejas. Los genios suelen reunir una serie de tópicos que Miguel Angel cumple.
El artista toscano es un hombre que, ensimismado en su mundo interior y en volcar sus necesidades creativas, se olvida de su propia subsistencia. Así, parece que Miguel Angel consideraba el sueño como un mal menor, comía mal y poco y desatendía su atuendo personal. Se dice que durante varios días llevaba la misma ropa, con la que incluso dormía, y que, por este motivo, cuando se la quitaba se arrancaba la piel. El mismo afirma, según se recoge en la biografía de Condivi, que "aunque soy muy rico, siempre he vivido como un pordiosero"
Miguel Angel es un hombre solitario, porque su trabajo le ocupa gran parte del tiempo, incluso, en ocasiones, huraño, porque la conversación habitual le hastía y le saca de su profundo pensamiento. Estas son sus palabras: "Estoy tan atareado y tan sometido a esfuerzos físicos que sólo puedo ocuparme de mí mismo. No tengo amigos, ni tampoco los deseo"
Característico de los genios son también sus aires de grandeza: "Y al cura le dices que no me escriba más como a Miguel Angel, escultor, porque a mí no se me conoce sino por Miguel Angel Buonarroti; y que si un ciudadano florentino desea que le pinten un retablo, que se busque a un pintor". Y por supuesto no podían faltar los arrebatos de cólera, que complican el trato humano. Además, a Miguel Angel no parece importarle quien fuese el interlocutor como se deduce de esta frase: "Dais miedo a todo el mundo hasta al propio Papa". Y no es de extrañar, después de leer la carta que le dirige al Pontífice: "Ruego a Vuestra Santidad que si quiere ver avanzar mis obras, no me ponga espías delante de mis narices, sino que me brinde su confianza y me conceda carta blanca." Fama ganada a pulso. Quizás sólo Julio II le hiciese sombra. Ambos eran conocidos en sus tiempos como dos "terribili".
Estos arrebatos son consecuencia, por una parte, de su carácter independiente, pues no le gustaba que le mandasen, y, por otro lado, por su carácter temperamental, propio de personas creativas, que se dejan arrebatar por su pasión interior para proyectarla y crear.
Esa ansia de crear también le convierte en un trabajador incansable, hasta el punto de estar esculpiendo, cuatro días antes de su muerte, la Piedad Rondanini. Además, tampoco los papas le dan la oportunidad de descansar, sino que, prácticamente, se puede decir que explotan su genio para a través de sus obras, ser inmortales. Este sobretrabajo le obliga a dejar inacabadas algunas de sus creaciones.

LA BELLEZA NEOPLATONICA

El artista toscano es un espíritu idealista. Su visión es neoplatónica. Buonarroti creía que Dios había dispuesto la belleza como reconocimiento de su reino y que era la única divinidad existente en la Tierra
Este aspecto del pensamiento de Miguel Angel se puede apreciar hasta en su forma de trabajar. Así prefiere esculpir con mármol extraído de las canteras de Carrara, porque como hombre que busca la perfección, considera que es la piedra de mejor calidad. Además, cuando el artista cincela está luchando por separar y liberar la forma de la figura, de la cárcel donde está presa, que es la piedra. Al igual que reza la teoría platónica de que el alma del hombre está encerrada en el cuerpo humano.
Buonarroti está obsesionado por el cuerpo masculino, y la belleza de la juventud, que relaciona con un estado de perfección, prueba de ello son los hombres completamente desnudos que a lo largo de su vida esculpió y pintó, incluso en un lugar de culto como la Capilla Sixtina.
Miguel Angel aseguraba que no existía ninguna idea que no pudiese ser representada por un buen artista en un bloque de piedra. En esta sentencia se aprecia el espíritu escultor de Buonarroti. Esto no impide que también ofrezca lo mejor de sí mismo, busque la perfección y se entusiasme con los encargos que le mandan como pintor y arquitecto.
Es, además, un hombre comprometido con la libertad y con Florencia. Ama está ciudad, a la que regresa siempre que puede. David representa la libertad de Florencia. Más tarde, en 1527, Miguel Angel es nombrado maestro de fortificaciones para defender la ciudad contra las tropas imperiales y contra la vuelta de los Médicis. Es un republicano y un demócrata convencido.

ESPIRITU FRANCISCANO

Es un hombre de inquietudes religiosas. Su sentimiento cristiano es puro, sencillo, sincero y valora la verdad interior y rechaza el lujo exterior. De hecho desde su vestimenta hasta su vivienda es humilde. Según descripciones de sus coetáneos, la casa, situada en la calle de Marcel dei Corvi, cerca del foro de Trajano, está llena de gatos y gallinas y el jardín, de matojos. En este sentido, su espíritu es el de un buen franciscano.
Miguel Angel no era un hijo de la reforma, pero creía que de alguna manera era necesario acabar con los abusos de la Iglesia. De joven escuchó a fra Girolamo Savonarola, un religioso que predicaba la austeridad y la vuelta a la vida inspirada en los Evangelios. El fraile fue excomulgado por el Papa Alejandro VI y quemado en la hoguera por hereje.
Las discursiones sobre el amor a Dios y la fe agradaban a Miguel Angel que compartía su pensamiento con Vittoria Colonna, seguidora de las teoría del religioso español Juan Valdés
También es posible que sufriese en determinados momentos fuertes depresiones, por su agotador ritmo de vida, y por la decepción provocada por los entresijos de la vida en Roma. Es un hombre de vida sencilla y el lujo que se respira en el papado no es de su agrado. El poema a la estatua de la Noche en la Tumba de los Médicis, de carácter político, ha sido interpretado también como una visión decepcionante de Miguel Angel a cerca de este mundo. En este sentido, en un hombre que se siente víctima de las vicisitudes de la vida.
Sin embargo, el espíritu del toscano esconde también el sabor de su tierra. Es un frío y calculador comerciante florentino. Buonarroti es un hombre codicioso, que gasta lo justo, pues no le agrada el lujo, aunque no escatima nada para su familia. Su espíritu de comerciante se aprecia en una carta que le escribe a su hermano sobre la compra de unas tierras: "Procurad comprársela a alguien que tenga necesidad para que salga a buen precio".

Tondo Doni
Capilla sixtina: El diluvio
Capilla sixtina: David y Goliat

DESGRACIAS FAMILIARES

La familia de Miguel Angel procede de la burguesía rica. Su bisabuelo fue banquero. Y varios miembros de su familia habían ocupado puestos políticos. Incluso a Miguel le ofrecieron el cargo de secretario extraordinario del Consejo de los Cinco, que no acepta porque no considera rentable, y que intenta traspasar a uno de sus hermanos, sin éxito.
Miguel Angel perdió a su madre, Francesca, a los seis años. Su padre Lodovico di Lionardo di Buonarroti, corregidor y juez de paz de Caprese y Chiusi, se vuelve a casar, cuatro años después de la muerte de su esposa, con Lucrezia Ubaldini. La familia vivía con su tío Lodovico y su abuela. Padre y tío intentan, a duras penas, sacar la casa a delante.
El artista toscano tiene cuatro hermanos. Leonardo con siete años ingresó como dominico. Buonarroto fue banquero y comerciante. Giovansimone se dedicó a variopintas actividades sin mucho éxito, razón por la cual dio muchos problemas a Miguel Angel, que era quien, prácticamente, les mantenía con su dinero. Por último, el más joven, Gismondo, escogió las armas.
Miguel Angel, que muere con 88 años, entierra a todos sus familiares. Su madrastra muere en 1497 y su hermano Lionardo en 1510. Bounarroto, el hermano preferido de Miguel Angel, porque intenta sacar por sus propios medios a la familia y descargar al artista, fallece por la peste en 1528. Seis años más tarde muerte su padre. En 1548, Giovansimone y en 1555, Gismondo. La continuidad de la familia se salva gracias a la descendencia de su único sobrino, llamado Lionardo.

AMOR PLATONICO

Miguel Angel parece que se enamoró de una viuda llamada Vittoria Colonna. Esta mujer se casó joven, en 1509, a los 19 años, con un hombre modélico. El esposo de esta mujer, Ferante Francesco d'Avalos, marqués de Pescara, llegó a ser nombrado general en jefe de los ejércitos imperiales. El militar murió, vencedor, en 1525 tras las heridas recibidas en la Batalla de Pavia.
Su esposa, muy afligida, se dedicó a la religión y a la lírica, incluso publicó un libro de poesía titulado Rime. La marquesa se introdujo en el grupo reformador encabezado por el religioso español Juan de Valdés, quien defendía que sólo la fe en Dios salva al hombre.
Miguel Angel conoció a esta mujer, a edad avanzada, alrededor de 1536. El artista toscano acudía a las reuniones entre distinguidos miembros de alta sociedad, que se celebran en la capilla cercana al jardín de los Colonna, a discutir sobre temas de actualidad, religiosos y de arte. Ambos se sentían cercanos a las teorías valdesianas. El amor que pudo surgir entre ambos fue casto y puro.
En los últimos años de su vida, Vittoria Colonna se retiró a un convento y parece que alejó sus pasos de las ideas evangelistas.
La marquesa murió en 1547, muerte que apenó profundamente al artista toscano.
Sin embargo, y a pesar de todo, el gran amor de Miguel Angel fue el arte. Y él mismo lo atestigua con sus propias palabras: "El arte es mi esposa: a él estoy unido por lazos mucho más fuerte de lo que yo quisiera: él ha sido la pasión y tormento de mi vida. Mis hijos son las obras que legaré a la posteridad porque, aunque no valgan demasiado, me sobrevivirán. ¿Qué hubiera sido de Lorenzo di Bartoluccio Ghiberti si no hubiera cincelado las puertas de San Giovanni? Sus hijos y nietos se han desprendido de cuanto él les dejó. Sólo las puertas permanecen".

HOMOSEXUALIDAD

La pasión de Miguel Angel por el cuerpo masculino se puede apreciar en gran parte de su obra y descubre sus sentimientos homosexuales. Incluso, el ambiente donde transcurrió parte de su juventud, la Florencia de los Médicis, parece que en ciertas condiciones era bastante tolerante con el gusto homosexual. Además consideraban a los jóvenes como cánones de belleza.
Tradicionalmente, se considera que el primer joven que atrajo al artista toscano fue Gherardo Perini. También, en este período de tiempo, que Miguel Angel vive en Florencia, Benvenuto Cellini cuenta en su autobiografía que de noche Miguel Angel seguía a un muchacho de gran belleza cuando cantaba por las calles. El artista no se acercó nunca al mancebo, llamado Luigi Pulci, que murió joven de una caída de caballo.
Otro muchacho con quien Buonarroti se relacionó fue Tommaso Cavalieri, romano bello y robusto, que conoció en 1532. Algunos estudiosos de la vida de Miguel Angel aseguran que la relación que mantuvo con este joven fue pasional. Es precisamente en este punto en el cual radica la polémica sobre la homosexualidad de Miguel Angel, -no aceptada por todos los autores-, que se debate entre la castidad o la consumación.
Más tarde la relación con Tommaso evolucionó hacia una franca amistad que duró hasta el día de su muerte. Es posible que en ese momento de inflexión, fuese cuando Cavalieri se casase y dejase descendencia.
Muchas de la poesías de Buonarroti están dirigidas a Tommaso, y cuando fueron publicadas por primera vez se cambió el género de las palabras para que pareciese que estaban dedicadas a una mujer. Vasari escribe: "Por encima de cualquier otro, sin comparación, amó a Tommaso dei Cavalieri"
Otro muchacho por el que se sintió atraído Miguel Angel cuando contaba 80 años, en 1533, poco después de conocer a Tommaso, fue por Febo di Poggio. Su belleza y juventud atrajo momentáneamente al artista toscano como se muestra en esta carta: "No sé por qué tienes tan gran odio contra mí. No creo que se deba al gran amor que yo tengo por ti, sino, más bien, a las habladurías de otros personas a las que no deberías creer, dado que ya has comprobado mi fidelidad".
Uno de sus contemporáneos, Pietro Aretino, hombre de pluma mordaz que hacía públicas sus cartas personales, intenta desacreditar a Miguel Angel, criticando los desnudos del Juicio Final, y asegurando que sólo se comprometía -pues aseguraba que a él le había faltado a la palabra de enviarle una obra- con "los Gherardi o los Tommai".

COMERCIANTE FLORENTINO

Miguel Angel es un hombre ahorrador que invierte en propiedades e ingresa en cuentas bancarias el dinero que gana. Sin duda, tiene la mentalidad del comerciante florentino.
Su trabajo, del que tiene que rechazar encargos continuamente porque está saturado, le permite ganar a lo largo de su vida mucho dinero. Sin embargo, él vive humildemente, vistiendo con ropas de varios días y habitando una casa descuidada. De las grandes sumas que gana, el artista se conforma para sus gastos con 20 ducados mensuales.
Buonarroti logra enriquecerse, pero tiene que pasar antes por muchas situaciones comprometidas. Así en ocasiones tiene que trabajar durante largos períodos de preparación, en los que no recibe sueldo. Otras veces, se retrasan las obras, después de haber adelantado el dinero, como en el caso de la catedral de Siena o en la construcción del tumba de Julio II: "Me quedé arruinado, y los bloques, amontonados en la plaza de San Pedro".
También corre de su bolsillo el sueldo de sus ayudantes. Otras veces el problema radica en el cliente que cesa de pagar la obra porque fallece, o porque se cambian los planes iniciales. En otras ocasiones, las causas son de fuerza mayor como la censura de la Contrarreforma o la guerra. Así el interés del Papa por la defensa de sus territorios perjudica a Miguel Angel, que recibe el dinero con retraso, porque es prioritaria la empresa militar. No hay que olvidar que Buonarroti es un artista de corte, y como tal, está sujeto a los cambios políticos.
Los precios convenidos por sus obras aumentan según logra mayor prestigio. A las nada despreciables cantidades que cobra el artista, hay que añadir las sumas que recibe regularmente tras los nombramientos oficiales. Así, el 1 de septiembre de 1535, Pablo III designa a Miguel Angel arquitecto, escultor y pintor de la Sede apostólica, título vitalicio dotado con 1.200 escudos de oro anuales. Además, el 1 de enero de 1547, es nombrado arquitecto mayor de San Pedro, título confirmado por Julio II, cinco años más tarde.
A su muerte, en su casa, fue encontrado un arcón que contenía 8.000 ducados de oro. Sin duda, el valor de su patrimonio es considerable, pero Miguel Angel, hombre humilde, nunca presumió de su dinero y vivió orgulloso de ser un artesano en el difícil oficio del Arte.


 

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