El estilo de Miguel Angel

Uno de los más brillantes arquitectos del Renacimiento, en la transición del XV al XVI, es Bramante (1444-1514). La evolución de este artista se produce cuando llega a Roma donde queda cautivado por las ruinas de la ciudad. Este hombre es el autor de un pequeño templo circular llamado San Pietro in Montorio, en Roma, encargado por la Reyes Católicos.
El proyecto más significativo de este arquitecto, hombre enemistado con Miguel Angel, fue la Basílica de El Vaticano. Julio II colocó la primera piedra de esta obra en abril de 1506. Un día antes, Miguel Angel, abandonaba, profundamente decepcionado, Roma. Pero el azar del destino, sorprendió al toscano, que fue la persona elegida en 1546 por el Papa Pablo III para continuar el proyecto.
Miguel Angel, que acepta el proyecto con 70 años, elimina las torrecillas y resalta la cúpula, la cual se convierte en un modelo ejemplar a imitar por otras naciones como San Pablo de Londres o los Inválidos de Francia. La entrada es única con un pórtico adintelado y con doble fila de columnas exentas. También realiza con gran acierto la ordenación de la Plaza del Capitolio en Roma.
Entre los arquitectos italianos destacan los miembros de la familia Sangallo, personajes con los que también coincide el artista toscano.
En España existe un estilo intermedio entre el gótico y el renacimiento, denominado Plateresco, que culmina a principios del siglo XVI y que se caracteriza por una gran profusión de elementos decorativos. Francisco de Colonia (muerto en 1481) y Diego de Siloé (1495-1563), hijo del escultor de igual apellido, son representantes de este movimiento.
La influencia italiana penetra en España y se implanta el Renacimiento. Una serie de artistas han dejado a lo largo del territorio español su impronta: Alonso de Covarrubias (1488-1570) es el autor de la fachada del Alcázar de Toledo y de la escalera del Palacio Arzobispal de Alcalá. Diego de Siloé se encarga de la construcción de la Catedral y de la iglesia de San Jerónimo en Granada.
Entre todas las construcciones de este período destacan dos. La primera es el Palacio de Carlos V proyectado en 1527 por Pedro Machuca (muere en 1550). Este edificio circular está situado cerca del conjunto árabe de la Alhambra y está considerado como el más clásico de los edificios renacentistas españoles.
Por fin, bajo el reinado de Felipe II, período artístico conocido como el Bajo Renacimiento, en 1563, se inician las obras de uno de los edificios más representativos de España: el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El motivo fue para conmemorar la victoria de la batalla española de San Quintín en 1557. Se dice que el edificio invertido tiene forma de parrilla para recordar el sufrimiento de San Lorenzo, quemado vivo en el año 258. La obra se terminó aproximadamente en 1583.
Felipe II encargó a Juan Bautista de Toledo (muere 1567) un edificio que fuese palacio, iglesia, monasterio y cripta real. A su muerte, fue sustituido por su ayudante Juan de Herrera (1530-1597), quien modifica el proyecto inicial: elimina torres e iguala las fachadas. Una característica fundamental de este edificio es su sobria decoración externa, que da origen al estilo herreriano, en honor al arquitecto de la obra.

BOTTICELLI, LEONARDO Y RAFAEL

El Renacimiento es un período de profundos cambios. La pintura evoluciona notablemente desde el siglo XV al XVI. El dibujo, la línea, las dos dimensiones, la luz plana se transforman en el color, las tres dimensiones, la perspectiva natural, la técnica del claro-oscuro. Sin embargo, el Renacimiento es la época de los grandes genios del Arte. Sandro Botticelli (1445-1510) está a la cabeza de la Escuela florentina. Es el pintor del desnudo femenino como se demuestra en su obra El nacimiento de Venus y del mito pagano como se recoge en la Alegoría de la primavera. Aunque de menor peso también pertenece a esta escuela, Pierro della Francesca (muere en 1492), autor del Sueño de Constantino.
La escuela de Padua brilla con Mantegna (1431-1506), autor de Muerte de la Virgen y Cristo Muerto. En Umbría, Perugino (hacia 1450-1523) pintó en la Capilla Sixtina la Entrega de las llaves de San Pedro. Este personaje es uno de los miembros de la comisión encarga de decidir donde colocar la estatua del David, obra de Miguel Angel. También participó en esta toma de decisión el pintor Filippino Lippi (hacia 1457-1504).
A esa misma comisión perteneció también Leonardo da Vinci (1452-1519), otro de los grandes genios del Arte. Da Vinci es un hombre polifacético que participó en casi todas las artes de su época, inventó máquinas de todo tipo y realizó estudios anatómicos. En Florencia realizó un mural contiguo a otro de Buonarroti en las mismas fechas. A partir de 1515 marchó a Francia bajo el mecenazgo del rey Francisco I. Pintor de pocas obras pero de gran calidad, destacan el enigmático cuadro de La Gioconda y La última cena, entre otras.
El pintor de la madonas por excelencia es Rafael Sanzio (1483-1520). Trabajó para el Papado, bajo el mecenazgo de Julio II y León X, al igual que Miguel Angel, con quien seguramente coincidió. León X le nombró superintendente de antigüedades. En Roma, pintó varias estancias del Vaticano: Escuela de Atenas y Disputa del Santísimo Sacramento.
La Escuela veneciana del siglo XVI, que se caracteriza por la importancia del color de tonos cálidos sobre la línea, ha proporcionado genios de renombre mundial como Tiziano (hacia 1488-1576), pintor predilecto de Carlos V y autor de Baco y Venus, Pablo Veronés (1528-1588), pintor del lujo y autor de las Bodas de Caná y el retratista Tintoretto (1518-1594), quien con obras como el Traslado del cadáver de San Marcos anuncia el manierismo.

EL BOSCO Y EL GRECO

El resto de Europa sigue, en algunas naciones, otros impulsos. En los Países Bajos triunfan tres pintores de talla que pertenecen a la escuela flamenca, caracterizada por la minuciosidad, el naturalismo y el gusto por el paisaje: Patinir (1480-1524), autor de La laguna Estigia, Brueghel (1526-1569), de Los Patinadores y El Bosco (hacia 1450-1516), pintor de increíble fantasía, famoso por su seres monstruosos como los representados en el Jardín de las Delicias.
Dentro del movimiento renacentista, destacan el alemán Alberto Durero (1471-1528) con Adan y Eva y el español Juan de Juanes (1523-1579), autor de la Santa Cena.
La pintura manierista se caracteriza por un arbitrario uso del color y las proporciones, que tiende al alargamiento de las figuras. Destacan los italianos Jacobo Pontormo (1494-1557), Bronzino (1503-1572), Correggio (1493-1534) y Parmigianino (1503-1540), que es el pintor de La Madonna del cuello largo
En España incorpora el manierismo, entre otros, en la segunda mitad del XVI el extremeño Luis de Morales (1509-1586), que, incluso, avanza características del Barroco. Es el autor de Cristo entre dos sayones, Ecce Homo y la Virgen de la piedad con figuras alargadas y fervorosas.
Entre los retratistas de la corte del Bajo Renacimiento destacan Alfonso Sánchez Coello (1531-1588) y Juan Pantoja de la Cruz (1553-1608)
Sin embrago, de todos los pintores que viven en España sobresale la figura del cretense El Greco (1541-1614). Otro de los grandes genios de la pintura universal. El Greco conoció en Italia la obra de Miguel Angel. El artista cretense se ofreció para tapar las obra de los desnudos de Miguel Angel, que consideraba inmoral, con otra más correcta, creada con su pincel. La propuesta motiva que tenga que adelantar el viaje a España, donde reside en Toledo, atrapado por la belleza de esas tierras. El Greco es autor de los óleos El entierro del Conde Orgaz, El Caballero de la mano en el pecho y Laocoonte y sus hijos.

LA TIERRA SE MUEVE

La cultura recibió un importante empujón con el descubrimiento de la imprenta a principios del siglo XV. Ahora los libros pueden publicarse repetidas veces. Este invento, fundamental en la cultura universal, se comenzó a implantar en Europa a la largo del XV y el XVI. De hecho, la primera imprenta en España data de 1474, un año antes del nacimiento de Buonarroti.
Sin embargo el progreso científico todavía sufre el cortapisas de la religión -lista de libros prohibidos- y de la superstición. Por este motivo, algunos de los descubrimientos más importantes de la historia no fueron aceptados durante el XVI. Así sucedió con la idea mantenida por el polaco Nicolás Copérnico (1470-1543) -Miguel Angel acude en 1500 a un curso sobre matemáticas y astronomía impartido por Copérnico-, quien aseguraba que el Sol era el centro del Sistema y que la Tierra se movía sobre sí misma y alrededor del astro rey.
Peor suerte corrió el español Miguel Servet, quien descubre la circulación pulmonar y la purificación de la sangre. Este científico y reformador negó además el misterio de la Trinidad. Ambas cosas, probablemente, fueron valoradas en su contra cuando fue denunciado a la Inquisición por Calvino. El veredicto del Tribunal fue radical. Miguel Servet fue quemado en la hoguera por hereje. En líneas generales, la ciencia española, temerosa de la Inquisición, comienza a sufrir un lamentable abandono.
Un impulso importante se produjo en la técnica de la navegación, sobre todo, tras el descubrimiento de América, pues todos los países se lanzaron a la conquista del Atlántico. También la Geografía dispone de unos conocimientos del mundo más precisos. Juan de la Cosa (hacia 1460-1510) diseña el primer mapa de las nuevas tierras.
Por último mencionar al polifacético Leonardo da Vinci, quien destacó, entre otras facetas, por su espíritu científico y se interesó por la naturaleza, la geología, la botánica y también la mecánica.

CERVANTES Y SHAKESPEARE

La literatura vivió un gran esplendor en estos siglos en toda Europa. En Italia destaca Nicolás Maquiavelo (1469-1527), que durante la estancia de Miguel Angel en Florencia, ocupa el cargo de secretario de la máxima autoridad de ese pequeño estado. Sin embargo, cayó en desgracia y se dedicó a escribir obras como El Príncipe, donde justifica cualquier medio para defender el interés del gobernante.
Otro personaje destacable es el humanista y escritor inglés Tomás Moro (1478-1535), quien refleja parte de su pensamiento en su obra más famosa titulada Utopía.
En España, el siglo XVI se inicia con la publicación de La Celestina. Esta obra narra las aventuras y desventuras de dos enamorados. Aunque el primer acto parece que fue escrito por un autor desconocido, los restantes son obra del bachiller Fernando de Rojas (hacia 1465-1541).
Otro libro importante, en este caso de autor desconocido, es el Lazarillo de Tormes (1554), que figuró en la lista de los libros prohibidos hasta 1573. Es un libro de espíritu renacentista, que describe las peripecias de un pícaro joven para sobrevivir.

Este siglo coincide con el apogeo de los libros de caballería, entre los cuales, destaca Amadis de Gaula, que se publica en 1508. Como contrapunto aparece El Quijote en 1605. Su autor es el genial Miguel de Cervantes (1547-1616), de quien se desconoce el día exacto de su nacimiento y fallece en la misma fecha que Shakespeare, el 23 de abril, día del libro. Este personaje, que dio durante algún tiempo con los huesos en la cárcel, es el autor, entre otras, de las Novelas ejemplares y Rinconete y Cortadillo. Cervantes quiso representar en su inmortal obra, El Quijote, a un caballero manchego, símbolo del hombre interesado por el triunfo del espíritu.
Garcilaso (hacia 1503-1536) es otra figura importante de la lírica española. En la literatura religiosa destacan San Juan de la Cruz (1542-1591), Fray Luis de León (1528-1591) autor de Canción a la vida solitaria, y Santa Teresa de Jesús (1515-1582).
Entre los humanistas, figuran Antonio de Nebrija (1444-1522), conocido como el príncipe de los humanistas españoles, autor de la primera gramática castellana y el valenciano Juan Luis Vives (1492-1540), amigo de Erasmo de Rotterdam (1467-1536), y autor De disciplinis.
Poco años antes de morir Miguel Angel, nacían el dramaturgo Lope de Vega (1562-1635), autor de Fuenteovejuna y el poeta culteranista Luis de Góngora (1561-1627), autor de Soledades y Polifemo. Entre ambos artistas existía una notable rivalidad, sobre todo por parte de Góngora, como se deduce de estos versos dedicados a Lope de Vega: "A este Lopico, lo pico" o "Potro es gallardo, pero va sin freno".
También sobre estas fechas nace el representante del empirismo inglés Francisco Bacon (1561-1626), autor de Ensayos y en latín de Novum Organum, y justo el mismo año de la muerte de Miguel Angel, nace otro genio de la literatura universal William Shakespeare (1564-1616). Su producción se compone de aproximadamente 36 obras, entre las que destacan las dramáticas. Cuatro de ellas tienen el honor de figurar, por la profundidad psicológica de sus personajes, entre las más importantes de la literatura universal: Macbeth, Otelo, El Rey Lear y Hamlet.

EL CINCEL CLASICO

La escultura enseguida se apunta a las tendencias clásicas. Durante el período de vida de Miguel Angel destacan Andrea Verrochio (1435-1488) y Della Robbia, quien también participó como miembro de la comisión para colocar la estatua de David.
En España, trabajan algunos italianos como Fancelli (1469-1519), autor del Sepulcro de los Reyes Católicos en Granada, León Leoni (1533-1608), autor de la estatua de Carlos V, su hijo Pompeyo Leoni (1533-1608) y Pietro Torrigiano (1472-1528), famoso por la figura de San Jerónimo y también porque, en una acalorada discursión de juventud, le propina un puñetazo a Miguel Angel, aplastándole la nariz.
Entre los españoles destaca Bartolomé Ordóñez (muere en 1520), autor del Sepulcro de Juana la Loca (1479-1555) y Felipe el Hermoso en Granada, encargado por Carlos V. Dos de los más importantes escultores españoles renacentistas trabajan en Valladolid. Uno de ellos es Alonso Berruguete (hacia 1488-1561), autor del retablo de San Benito. El otro es el francés Juan de Juni (1507-1577), autor del Grupo del Santo Entierro que anuncia el Manierismo.
El rasgo definitorio del movimiento manierista en escultura es
la figura contorsionada en ascensión helicoidal. Destacan Juan de Bolonia (1529-1608), escultor de la Fuente de Neptuno y del Rapto de las Sabinas. Benvenutto Cellini (1500-1571) con Perseo, y, por último, Bartolomeo Ammannati (1511-1592). Estos dos últimos artistas fueron amigos de Miguel Angel.

Leda y el cisne ( reproducción )

.DEFENSOR DE LOS ARTISTAS

Sí bien es cierto que con Miguel Angel comienza una nueva manera de concebir el arte, su vida y su obra es difícil de encuadrar dentro de un sólo estilo artístico. Reconocer la obra de Miguel Angel implica valorar además su aportación en el mundo de las artes en general. Con este polifacético artista el arte deja de ser un mero objeto de contemplación para expresar el individualismo y la libertad. En este momento, se reconoce al artista como autor, por lo que se consolida este propósito que ya se estaba gestando en el Renacimiento. Una muestra de esto son las palabras de Buonarroti, cuando afirma que la "pintura se hace con el cerebro, no con las manos; y todo aquel que no actúa con la inteligencia se deshonraría a sí mismo". El Renacimiento había situado al hombre como centro de todas las cosas, ahora su imagen, su significado, sus alegorías y sus símbolos pasan a un primer plano.
Uno de los aspectos más importantes al estudiar las cualidades de Miguel Angel como artista es su capacidad para contemplar los temas más recurridos desde una perspectiva original e innovadora. Esta característica es fácil encontrarla tanto en sus cuadros como en sus esculturas. El "Tondo" Doni, La Virgen de Brujas o sus Esclavos son un ejemplo. Buonarroti sustituye el concepto de la imagen de la dolorosa para trasmitir la divinidad a partir de la belleza. En otras ocasiones confiere a las representaciones religiosas una familiaridad desconocida, lejos de la sobriedad o la majestuosidad que domina en épocas anteriores.

EL PINTOR TRIDIMENSIONAL

Miguel Angel jamás reconoce su faceta como pintor, en sus poemas y las cartas que se conservan es un hecho que admite en diferentes ocasiones. De uno de sus escritos se desprende como el artista sitúa la escultura por encima de la pintura: "la pintura me parece más perfecta cuanto más se aproxima al relieve, y éste peor cuanto más se acerca a la pintura. Por eso consideré siempre a la escultura muy superior a la pintura, y ambas tan distintas entre sí como el Sol y la Luna." A partir de este fragmento también es posible explicar el carácter escultórico con que dota a los personajes de sus obras pictóricas. El "Tondo" Doni o las trescientos personajes que aparecen en el techo de la Capilla Sixtina son un ejemplo de ello.
Esta propiedad también puede observarse en otro cuadro de caballete más tardío, pintado en 1529, La Leda y el cisne. La amante de Júpiter aparece como una giganta recostada sobre un diván. Su cuerpo atlético contiene una fuerza secreta bajo las caricias del cisne. Al enorme tamaño de estas figuras se suman la voluminosidad de sus formas y una gran tensión interna. Lo mismo ocurre con la Sibilas y los Profetas que aparecen en los laterales del techo de la Capilla Sixtina. Su situación independiente, respecto al resto de los personajes que configuran las nueve escenas de la creación, y su tamaño, que alcanza los 3 metros, convierten estas figuras en una de las partes más llamativas de la obra.
Al hablar de la Capilla Sixtina es importante recordar el concepto neoplatónico de Buonarroti. Al margen de las doctrinas oficiales, el autor expresa en su trabajo su propia personalidad. Cuando el italiano se percata de que la primera intención de Julio II, al decorar la Capilla de Sixto, carece de interés se lo comunica y el Pontífice finalmente le da "carta blanca". Así lo describe en una de las cartas que envía a Giovan Francesco Fattucci: "me pareció que no iba a resultar obra de gran valor, y le dije al Papa que resultaba cosa muy pobre el pintar solamente los apóstoles (... ) Entonces él me dio el nuevo encargo de hacer lo que yo quisiera, diciendo que debía pintar también las escenas que estaban debajo y que él se encargaría de que yo quedase contento". De los episodios que encarnan la historia del génesis se desprende el cansancio y la fatiga del pintor.
Cuando concluye la decoración de la Capilla Sixtina con la representación del Juicio Final, abandona las proporciones del canon renacentista. La pesadez y la voluminosidad de las figuras que ocupan el techo se contrapone a la desproporción de las que aparecen en el frontal. Este recurso recuerda a las obras medievales, en las que se indicaba con grandes figuras la superioridad de la Virgen y el Creador sobre los santos, de tamaño inferior. En este sentido, no se puede hablar de un retroceso en la maestría del autor, sino que hay que partir de una concepción diferente. Miguel Angel ya no busca la belleza como único objetivo, ahora en su madurez se propone demostrar la supremacía del Creador en un mundo dantesco, lleno de confusión.
La dramática visión que imprime en esta obra responde a los acontecimientos de la época. Existe una ruptura entre la serenidad clásica de bóveda y la violencia que domina en el frontal. La desnudez de los personajes que Miguel Angel pinta en esta escena no escapan a la censura de la Iglesia. Pablo IV ordena que se cubran, e incluso más tarde se llega a plantear la destrucción de esta obra maestra. Con los frescos de la Capilla Paolina, donde el estudio del escorzo se impone a la belleza y a la perspectiva, se confirma el abandono del clasicismo.
Desde el punto de vista técnico, uno de los problemas más graves a los que se enfrenta el pintor durante la realización de la bóveda se produce al emplear la cal romana. Al poco tiempo de ejecutar las primeras escenas los colores adquieren moho. La causa de este incidente se debe a que esta cal es menos dura que la florentina, por lo que los tonos requieren menor cantidad de agua. Un dato que no se debe ignorar es la ayuda de los discípulos que participaron en la ejecución de tan logradas obras.

EL POETA DE LAS FORMAS

La capacidad de Miguel Angel para moldear las formas y expresar en el mármol la espiritualidad de sus ideas, le convierten en el genio máximo de la escultura de todos los tiempos. La parte potencial de la escultura se encuentra dentro del mármol o la piedra, de manera que el artista descubre su interior con la ayuda de los cinceles, según se deduce de los escritos de Buonarroti. Este concepto recuerda sus esculturas inacabadas, al dar la sensación de que sólo hace falta retirar la parte que no está labrada para completar la obra.
La técnica que emplea el toscano desde que le encargan una obra comienza con el trabajo sobre modelos de terracota, cera y otros materiales. En estos ensayos previos se observa el detalle y el cuidadoso estudio de la anatomía, el movimiento y las dimensiones de la obra a realizar. El segundo paso es el envío del boceto al cliente y la selección de los mármoles. El artista se desplazará en más de una ocasión, como se puede comprobar en la lectura de sus cartas, a la cantera con el fin de escoger él mismo el mármol. Para Miguel Angel el color, la pureza y la resistencia del material son algunos de los factores más importantes a valorar antes de realizar la obra. Una vez elegido el bloque de mármol adecuado, comienza a trabajar la parte frontal, obteniendo progresivamente profundidad hasta que la completa. Este proceso explica la apariencia de relieve que tienen los proyectos a los que el escultor no puso fin.
Uno de los aspectos más conocidos en las obras de Miguel Angel es la tensión interior que domina en sus esculturas, bajo la apariencia de una tranquila calma. El David es el ejemplo más evidente. El héroe, detrás de un semblante sereno, representa las virtudes renacentistas: fortaleza e ira. La "terribilitá" en el rostro de Moisés muestra, una vez más, esta faceta en la que la sabiduría se conjuga con la cólera. Condivi, biógrafo de Miguel Angel, escribe: "Está la cara llena de viveza y espiritualidad, acondicionada por sugerir amor a la par que terror". En la Piedad del Vaticano se observa un contraste entre la belleza platónica de la Virgen, ausente de dolor, y el dramatismo con el que esculpe los paños de su vestido.
La intensidad de la masa plástica y la vitalidad que Buonarroti consigue aportar en sus estatuas es inconfundible. Los Esclavos imponen sus gestos con un movimiento articulado y fluido. No menos impresionantes son los Cautivos de los Bóboli -sin concluir- y la Victoria que ejecuta para uno de los proyectos de la tumba de Julio II. El estilo manierista del escultor también es posible encontrarlo en obras como La Virgen de Brujas o la Piedad de la Catedral de Florencia, donde aparece el retrato de Miguel Angel en la figura de Nicodemo. En gran parte de su producción se advierte también el gusto por el desnudo y un exhaustivo estudio de las proporciones anatómicas. La perfección de sus figuras, junto con los rasgos afeminados de algunas de ellas, no sólo recuerdan la belleza de las obras clásicas, sino que además destacan por su sensualidad.
Al tratar en general la obra del polifacético autor es complicado encasillarle dentro de un estilo determinado, especialmente si se tiene en cuenta la independencia y el particular lenguaje artístico que demuestra desde su juventud. Sus trabajos iniciales en Florencia responden a un criterio clásico, como consecuencia del estudio de obras antiguas. A medida que se forja la madurez del toscano es posible observar la aparición de nuevas formas. Escorzos, cada vez más atrevidos, y el alargamiento de las formas descubren la libertad expresiva del artista.
No se puede omitir el concepto que Miguel Angel tiene del arte. Su pensamiento neoplatónico y su espiritualidad son la causa directa del estilo personal que le marca. Cada obra del autor, además de la belleza plástica que trasmite, es una idea. La lucha espiritual del artista, en su dependencia del mecenazgo, se materializa en los Esclavos. Los conflictos de la Iglesia se traducen en una imagen: el Moisés, y la libertad de la república florentina tiene un nombre, David.

Proyecto de 1513para tumba de JulioII
Desnudo femenino
San Pablo:Boceto para la tumba de Julio II

 


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