El estilo de Rembrandt


Poca documentación escrita poseemos sobre la vida de Rembrandt, a excepción de documentos oficiales, siete cartas destinadas al consejero de Federico Enrique, Constantijn Huygens, escritas entre 1636 y 1639 por asuntos de venta de cuadros, y algunas biografías. La más antigua esta escrita en 1641 por Johannes Orlans, ex-burgo maestre de la ciudad, e incluye en la segunda edición de Descripción de la ciudad de Leyden, un capítulo dedicado a Rembrandt. No obstante, Arnoldus Buchelius le menciona en un libro escrito en 1628.
También existen testimonios de Baldinucci y Houbraken y, por último, Joachin von Sandrart escribe, entre 1675 y 1679, Teutsche Acadamie, que es semejante a las Vidas de Vasari, donde asegura que Rembrandt no sabía leer bien el holandés. Aunque probablemente no sea el ignorante semianalfabeto que en ocasiones se le ha llegado a presentar, bien es cierto que estaba más interesado en la cultura inconográfica que en la escrita.
Afortunadamente, el artista ha legado a la humanidad un importante número de retratos, donde se puede apreciar la evolución interior que ha sufrido el pintor a lo largo de su intensa vida.
Los primeros autorretratos del pintor representan a un hombre joven, vital, divertido, amante del lujo, de lo exótico, que gusta de relacionarse con personajes de alta clase social, caprichoso, pintoresco y derrochador. Su biógrafo Baldinucci asegura que en las subastas, Van Rijn mantenía una actitud provocadora: <<pujaba tan alto de entrada que a nadie más se le ocurría seguirle, y según decía, obraba así para resaltar el prestigio de su profesión>>.
Los años no pasan en balde y las desgracias sentimentales y económicas debieron dejar huella en este hombre que fue rechazado por la sociedad, porque no respetaba los convencionalismos sociales al mantener relaciones con una mujer joven sin la sagrada unión del matrimonio, porque necesita dinero para pagar sus deudas y por su personal estilo de pintar.
El Rembrandt anciano es un personaje que le gusta la soledad. Su contemporanéo Houbraken, que le define como un hombre casero, asegura que tras los problemas económicos se cierra más aún en la pintura. En sus autorretratos entre sombras se puede distinguir a un hombre maduro, reflexivo, introspectivo, profundo, humilde y más religioso.
En este período de su vida, le gusta relacionarse con gente sencilla como su compañera Stoffels, mujer de pueblo e hija de un soldado. Su biógrafo Sandrart dice: <<No sabía en absoluto estar en su sitio y siempre se trataba con los estamentos más bajos>>. Pero Rembrandt opina diferente: <<Cuando deseo relajarme y distraerme no me importa tanto el honor como la libertad>>. Afortunadamente, en esta etapa, Van Rijn tiene el cariño humano y las necesidades materiales cubiertas.
También existe un mayor acercamiento a la tendencia liberal de la comunidad mennonita, caracterizada por una gran espiritualidad y por el seguimiento de una vida sencilla y espartana. Prueba de su profunda creencia, además de los numerosos cuadros de temática religiosa, influido posiblemente por las lecturas de su madre sobre Antiguo Testamento, es el autorretrato que realiza en el cuadro de El descendimiento de la Cruz, done Van Rijn es el joven vestido de azul que apoya su cabeza en el hombro de Cristo mientras lo descuelga de la Cruz. El pintor postimpresionista Van Gogh escribe en una de sus cartas: <<No es posible contemplar a Rembrandt sin creer en Dios>>.

Betsabé con la carta de David
Autorretrato de joven

Además de ser un gran creyente, Rembrandt, a lo largo de su vida, y como se puede apreciar en sus autorretratos, tiene una mirada viva, propia de un hombre audaz, original, con ansias de aprender y de experimentar. Así, descubre como ciertos materiales son más adecuados para representar una determinada textura, material u objeto. Un ejemplo: la tiza negra es el mejor material para dibujar la rugosidad de la piel del elefante.
Esta necesidad de investigar es posiblemente el camino que le facilita la búsqueda de un estilo propio. En este sentido se le puede definir como un hombre independiente. También es obstinado e intransigente, pues, por ejemplo, no accede a modificar su obra por petición del cliente.
Sin duda, estas actitudes forman parte del carácter temperamental de cualquier genio. Baldinucci recoge sin tapujos algunas opiniones al respecto: <<Es un hombre de los más temperamentales, con tendencia a denigrar a cualquiera>>. Una prueba de su difícil y picante carácter es el siguiente comentario, recogido por Houbraken, que dirigía a los interesados en apreciar de cerca su obra: <<Les molestará el olor de la pintura>>.
Esta frase es señal del sentido irónico del pintor, faceta que también transciende a su obra. De hecho, algunos de su cuadros están impregnados de una doble intencionalidad.
El artista de Leyden es también, como todos los grandes genios, un hombre apasionado, que se ensimisma delante del caballete. Sandrart asegura que <<cuando Rembrandt se hallaba trabajando no concedía audiencia ni siquiera al primer monarca de la tierra, que habría tenido que volver una y otra vez hasta encontrarle desocupado>>.
Van Rijn es también apasionado en el amor. Para él, la mujer es un ser natural y sexual como queda recogido en su obra. En los temas históricos, dibuja papeles de mujeres como Dalila y Betsabé que vencen al hombre con sus encantos.
Las mujeres que hubo en la vida de Rembrandt correspondían a su ideal de belleza, que se asemejaba también al de Rubens. Jóvenes entradas suavemente en carnes, agraciadas de cara, morenas y de largos cabellos. En la vida de Rembrandt hubo dos mujeres que fueron muy importantes.
El artista conoció durante su juventud a Saskia. Aunque esta mujer correspondía al ideal de belleza femenino de Rembrandt, algunos eruditos dudan sobre las buenas relaciones reinantes en la pareja. Puede tratarse de un matrimonio de conveniencia, porque Saskia, huérfana de clase alta, aporta al enlace una dote considerable y contactos de interés para el artista. A pesar de que no existen pruebas concluyentes, leyendo entre líneas, se podría deducir que algunos de los retratos de su esposa carecen del cariño con que fueron pintados los de su posterior pareja, Stoffels. En ocasiones, dejan neutral al espectador que podría sospechar que se trata de una clienta, lujosamente vestida. Algunos lienzos, incluso, infunden repulsa como el Retrato de Saskia riendo. No hay que olvidar que Rembrandt es un artista con una gran carga psicológica. Otros estudiosos de la vida de Van Rijn afirman, por el contrario, que el matrimonio fue feliz.
Tras la muerte de Saskia, entró en calidad de ama de llaves una mujer, llamada Geertje Dircx, viuda de un trompetista. Esta nodriza, descrita por Houbraken como <<una campesina...más bien menuda y rechoncha, aunque agraciada>>, parece que mantuvo relaciones con el pintor. Esta mujer fue despedida cuando entró en la casa como aya, una joven de 22 años de origen humilde, llamada Hendrickje Stoffels, que atrapó la atención del pintor. Dircx le denunció ante las autoridades por incumplimiento de promesa de matrimonio.
Van Rijn convive con Stoffels hasta que la muerte les separa. Ambos deciden no casarse, porque según una cláusula del testamento de Saskia, Rembrandt perdería la herencia en segundas nupcias. Por este motivo, la joven tuvo que soportar vejaciones y citaciones humillantes por parte del consejo de la Iglesia de Amsterdam. Este organismo la condenó por vivir en pecado, pues estaba fornicando fuera de la sagrada relación del matrimonio y, por tanto, la excluyó de la comunión de sus fieles el julio de 1654. Sin embargo, su hija Cornelia fue bautizada pocos meses después, y parece que la Iglesia no volvió a remover el tema. Más tarde, la costumbre legitimó la unión y dos años antes de su muerte, en un documento de 1661, es reconocida como ama de casa de Rembrandt.

Intensas y amargas son las relaciones familiares del pintor de Leyden. Este hombre es hijo de un molinero y de una mujer de profunda religiosidad. El número de hijos del matrimonio no se conoce con exactitud, pero parece que como máximo tuvieron diez hijos, de los cuales dos murieron muy jóvenes. Tras su partida definitiva a Amsterdam, es posible que rompiese toda relación con su familia.
Rembrandt pierde a su padre en 1630 y a su madre diez años después. Esta deja una herencia importante. Sólo la parte de Rembrandt ascendía a 10.000 florines. Parece que la madre procedía de una de las familias más acomodadas de Leyden.
El matrimonio con Saskia dura ocho años y tienen cuatro niños, tres de ellos mueren al poco de nacer. Al año de dar a luz a Tito, la madre, desfallecida y afectada de tuberculosis, pierde la vida en 1642. Toda la herencia es para su hijo y Rembrandt es el usufructuario.
Van Rijn mantiene relaciones con Stoffels, con quien tiene una niña en 1654, a la que llaman Cornelia. Desgraciadamente, Stoffels muere en 1663, probablemente a causa de la peste. Las propiedades de la joven son para su hija Cornelia, que en caso de morir sin descendencia, pasarían a manos de Tito.
El hijo del artista se dedica a la venta de cuadros e incluso pinta alguna obra. El joven fallece en 1668, quizás de tisis, pocos meses después de su boda con Magdalena, y antes de conocer a su hija. La nieta de Van Rijn es llamada Titia, en honor de su padre.
En el testamento de Tito, Cornelia, llamada mi hermanita, es nombrada heredera universal y Rembrandt usufructuario. Este escrito demuestra que las relaciones mantenidas entre Tito, la compañera del pintor, y Cornelia eran buenas.
Magdalena, que fallece varias semanas después de la muerte del pintor holandés y es enterrada en Westerkerk, defiende en perjuicio de los derechos de Cornelia, hija ilegítima, la herencia de Titia, quien fallece en 1725.
Rembrandt consigue descendencia por parte de su hija Cornelia, quien se casa el 30 de mayo de 1670 con el pintor Cornelis Suythof. Ambos se trasladarán a vivir a Batavia, en las Indias holandesas, donde tendrán dos hijos, a los que llamarán Hendrickje y Rembrandt.

Andrómeda encadenada a una roca
Tobías y Ana con un cabrito

 

Este artista de origen humilde fue abriéndose camino poco a poco desde los inicios de su vida. Rembrandt gana su primer sueldo en el taller que establece en la casa de sus padres, donde atiende encargos y enseña durante tres años a su primer discípulo, Gerrit Dou.
Con ese dinero y la herencia de su padre, que fallece en 1630, Rembrandt se marcha a Amsterdam en 1631. Allí conoce a Saskia y se casa con ella en 1634. La dote de 42.000 florines de la esposa y el éxito de Rembrandt como retratista le permite llevar una vida burguesa.
El trabajo del pintor de Leyden estaba bien remunerado. Los precios de sus cuadros varían según la temática: 500 florines por retratos de busto y 1.000 por obras religiosas. Otra fuente de ingresos son las clases que imparte a sus discípulos, a los que cobraba 100 florines al año. En total, podía ganar entre 10.000 y 12.000 florines anules. Estas ganancias le permiten pujar altas cantidades en subastas, uno de sus aficiones.
Con la muerte de Saskia, comienzan los problemas económicos como consecuencia del tren de vida que ambos llevaban. El testamento convierte a Van Rijn en usufructuario de la herencia, que podía perder en segundas nupcias. Parece que por este motivo y porque la situación económica del pintor no debía ser tan boyante como antaño, Rembrandt decide no contraer matrimonio con Stoffels.
Los asuntos económicos se complican. El gusto por el lujo del pintor y los costes de la casa de Breestraat que compró en 1639 anuncian su futura quiebra. La deuda de este inmueble ascendía 8.470 florines más intereses. A este cifra hay que añadirle 9.000 florines más en préstamos de tres amigos del pintor.
Para poder pagar sus deudas, subasta por iniciativa propia parte de sus bienes en siete ocasiones, pero no es suficiente para airear su economía. Por este motivo, recurre al Alto Consejo de la Haya para ser reconocido como deudor sin culpa. Finalizado el proceso, el deudor es declarado insolvente y debe subastar sus bienes públicamente.
El pintor realiza un inventario de sus posesiones el 25 y 26 de julio de 1656, que ocupa 20 folios con 363 objetos y subasta sus bienes entre septiembre de 1657 y diciembre de 1658, incluida la casa de Breestraat por la que obtiene algo más de 11.000 florines.
Tito y Stoffels constituyen, en diciembre de 1660, una sociedad para vender grabados y cuadros. Van Rijn pasa a trabajar para ellos, aportándoles sus obras y asesorándoles. Mediante este subterfugio, Rembrandt logra salvar los ingresos obtenidos de las ventas de sus cuadros.
Por fin, en 1661, el tribunal opina que Van Rijn ha cumplido sus obligaciones legales. Con esta disposición, el artista se vió libre de deudas. No obstante para salir adelante durante los años siguientes, el pintor tuvo que pedir varios préstamos y vender la tumba de Saskia, posiblemente por menos de 200 florines.
La situación se fue estabilizando y Rembrandt logró salir de la lamentable circunstancia en que se había visto envuelto, a pesar de que en estos años difíciles para el artista sus obras fueron pagadas a menor precio.

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