Su obra

Ribera nace en 1591. En esta fecha rige los designios del gran imperio español el monarca Felipe II, quien asegura que en sus territorios no se ponía jamás el sol. Una de las características principales de este monarca es que fue un luchador incansable contra los reformistas.
Las guerras de religión, que conmocionan el panorama político, provocan cruentas muerte y son utilizadas con fines políticos. Por ejemplo, los últimos nueve años del reinado de Felipe II estuvieron marcados por la guerra contra Francia, donde los españoles apoyaron al partido católico frente a los pretendientes calvinistas al trono de Enrique IV.
En España se respira en estas fechas un profundo sentimiento contrarreformista. La temática religiosa impregna los mejores cuadros e inspira a los más brillantes artistas.
España posee los territorios de centroamérica y gran parte de la costa sudamericana. En Europa, ha conquistado los Países Bajos y pequeñas zonas de Alemania, Francia e Italia. Estos últimos países no constituyen todavía una nación sino que están divididos en diferentes reinos independientes o pertenecientes a grandes potencias europeas. En todos estos territorios, los Felipes de la familia de Habsburgo reinan como reyes absolutos.
El absolutismo, que deriva de las monarquías autoritarias, se impone a lo largo del XVII. La teoría está apoyada en el papel por pensadores como Bousset (1627-1704) -<<por la gracia de Dios>>- y Hobbes (1588-1679) -<<el hombre es el lobo del hombre>>- y retractada por Locke (1632-1704).
La lucha por la hegemonía es otra de las pautas que marcan estos siglos. Francia y España se disputan el dominio de Europa a lo largo del XVII. Ribera conoce el período de decadencia de España y el aumento de poder del país galo.
La economía del siglo XVII se basa en el mercantilismo que surge para adaptarse a las nuevas fluctuaciones del mercado producidas por los materiales preciosos procedentes de los nuevos territorios y que, con motivo de las guerras y el lujo de las cortes, disminuían a un ritmo alarmante. Colbert (1619-1683) es uno de los teóricos que defienden este sistema económico, que basa la riqueza de un país en la cantidad de metales preciosos que acumula en sus arcas. Por tanto, para mantener el nivel de riqueza hay que evitar la salida de bienes y productos y facilitar su entrada. Esta teoría desarrolla el sistema arancelario que consiste en sobretasar las mercancías importadas y fomentar las exportaciones.
La agricultura sigue siendo la base de la economía, aunque el comercio progresa con rapidez a través de las letras de cambio, el avance de la Banca y la creación de sociedades mercantiles.
En líneas generales, y no sólo en España, en la mayoría de los Estados, mientras el pueblo pasa hambre, las naciones se enzarzan en guerras de todo tipo y el lujo de la Corte aumenta. El resultado es una fuerte crisis monetaria.

San Andres Apostol
Moises

El pintor y sus dos hermanos viven todavía en España cuando fallece Felipe II en 1598. El nuevo rey, hijo del anterior, es Felipe III. Ribera tiene tan sólo siete años.
Antes de la muerte de Felipe II se dice que éste exclamó refiriéndose a su sucesor: <<¡Ay que me temo que le han de gobernar!>>. Y no se equivocaba, pese a la esmerada educación recibida, fue el hábil duque de Lerma (1553-1625), valido de Felipe III, quien terminó manejando los hilos del poder.
Durante este reinado, en política exterior, Felipe III opta por firma la paz con Inglaterra en 1604 y con Francia en 1610, además, de pactar una tregua con los Países Bajos en 1609. Ese mismo año acontece el hecho más importante en política interior. La economía española se ve afectada por la expulsión de los moriscos. La crisis que sufre España por el rechazo de este adinerado colectivo motiva a muchos artistas a abandonar el país hispano. Ribera es uno de ellos.
Una vez en Italia, el Españoleto entra al servicio del príncipe Farnese, duque soberano de Parma. Después se establece en Roma sobre 1614 durante el papado de Paulo V. Por último, el setabense decide trasladarse a Nápoles porque es territorio español, un lugar seguro para un valenciano, condición que añade con frecuencia a su firma: "Jusephus de Ribera, Hispanus, valentinus, setabensis"
Las posesiones de España en Italia se extienden por el Sur de este país y por la isla de Sicilia. Estos territorios están gobernados por virreyes elegidos por el monarca español. El reino de Nápoles está bajo el mando de don Pedro Téllez Girón y Guzmán, duque de Osuna, nombrado virrey en el mismo año de la llegada del Españoleto a esta ciudad portuaria.
La leyenda asegura que Ribera sacó a secar al balcón de su casa uno de sus mejores óleos. Los habitantes de la ciudad comenzaron a agruparse alrededor de la casa para admirar la obra de arte. El duque de Osuna, creyendo que se trataba de una de tantas revueltas, se dirigió hacia allí dispuesto a sofocar la rebelión. Cuando descubrió el verdadero motivo de la agitación popular, nombró al desconocido artista pintor de su Corte.
No se puede probar la veracidad de esta narración escrita por Palomino, pero es cierto que el Españoleto trabajó en la Corte de Osuna, quien le favoreció mucho. Algunos eruditos apuntan que ambos pudieron conocerse en Roma, lo que explicaría el rápido ascenso de Ribera.
En 1620, después de cuatro años de mandato, el duque intenta dar su propio golpe de Estado contra la corona española y declararse monarca de Nápoles, pero fracasa. Esta derrota afecta también al pintor, uno de los favoritos del virrey.
Tras este incidente, Osuna es sustituido y enviado a España. En su equipaje incluye numerosas obras del Españoleto. El nuevo gobernador es el cardenal Gaspar de Borja y Velasco, a quien sustituye en diciembre de 1620, Antonio Zapata. Ambos cardenales prescinden de los servicios de Ribera.
Mientras, en España se toma una decisión importante. La política paficista de Felipe III se ha resquebrajado. Los últimos años de su reinado se complican con una guerra que ha de durar Treinta Años. España decide apoyar en 1619 al nuevo emperador católico, Fernando II de Habsburgo, frente a sus súbditos protestantes. Dos años después del inicio de esta larga guerra, la corona española cambia de manos. Felipe III, rey pacifista, muere en 1621 y será su hijo Felipe IV, el sucesor al trono.

Tizio

El reinado de Felipe IV, que comienza en 1621 y termina en 1665, se caracteriza por las continuas guerras para mantener la supremacía de España en Europa.
El primer período de este reinado está marcado por el talante bélico del valido del monarca, el conde-duque de Olivares (1587-1645), quien pone fin a la tregua de Holanda. La continuidad de la guerra con los Países Bajos provoca enemistades con las coronas de Inglaterra y Francia que apoyan las ansias libertadoras de estos territorios. Sin embargo, estas enemistades iniciales no son más que el primer paso de una sucesión de batallas de diferente índole, de donde España saldrá malparada.
Este es el panorama español, pero no menos inquietante e inestable es el napolitano. De nuevo se produce un cambio en la figura del virrey. En 1622, este puesto recae en don Antonio Alvarez de Toledo, duque de Alba. Este noble, al igual que los dos cardenales que con anterioridad han desempeñado este cargo, presta poca atención al valenciano. El duque de Alba prefería los servicios del pintor Belisario Corencio, discípulo de Ribera.
Durante estos mandatos, aunque el Españoleto cuenta con una importante clientela, se centra en la técnica del grabado y busca nuevos mecenas. En 1624, dedica el cuadro del Martirio de San Bartolomé al virrey de Sicilia, primo de Felipe IV, lo que prueba las buenas relaciones del pintor con la nobleza española en Italia: <<Dedico mis obras y esta estampa al serenísimo Príncipe Philiberto, mi señor en Nápoles. Año 1624. Iussepe de Riuera, español>>.
Pocos años gobierna el duque de Alba, pues en 1629 es nombrado virrey de Sicilia y abandona la ciudad. La vacante es ocupada por don Fernando Enríquez de Ribera, duque de Alcalá. Este sevillano aficionado a la pintura y a la escultura, protegió, al igual que los siguientes virreyes, al valenciano.
Durante el gobierno de Alcalá, en 1630, hace escala en Nápoles la hermana de Felipe IV, la infanta María de Austria, futura esposa del rey de Hungría, Fernando III de Habsburgo, a quien España apoya en la Guerra de los Treinta Años al igual que a su antecesor.
El siguiente virrey es don Manuel de Fonseca y Zuñiga, conde de Monterrey, otro gran coleccionista y protector del pintor. Este noble, cuñado del conde-duque de Olivares, asume el nuevo cargo en 1631. El conde de Monterrey era conocido por su baja estatura. Hombre vanidoso evitaba ese defecto colocando escalones en lugares estratégicos y montando a caballo con gran asiduidad para evitar ir a pie.
De nuevo se produce otro reemplazo y en 1637 es nombrado virrey de Nápoles, don Ramiro de Guzmán, duque de Medina de las Torres.
Durante el reinado de éste, en España, estalla en 1640 la sublevación de Portugal y Cataluña. El país vecino proclama su soberanía y alza al trono a Juan IV de Braganza, que contaba con el apoyo de Richelieu (1585-1642), ministro de Luis XIII. En Cataluña estalla el Corpus de Sangre cuando el pueblo catalán se enfrenta a las tropas reales.
Estas sublevaciones, a las que en 1641 se une Andalucía, provocan la caída de Olivares quien no puede defender todos estos flancos, heridas abiertas por su enemigo francés el cardenal de Richelieu. El valido de Felipe IV, acorralado, dimite. Un nuevo personaje sostiene al rey, Luis de Haro (1568-1661).

San Bartolomé
San Jerónimo Penitente

Un nuevo relevo se produce en el gobierno de Nápoles. En 1644 es nombrado virrey Juan Alfonso Enríquez de Cabrera, almirante de Castilla. Sólo dos años permanece en el cargo. A éste le sustituye en 1646, don Rodrigo Ponce de León, duque de Arcos, en cuyo reinado estalla el levantamiento popular de Masaniello.
Los napolitanos están descontentos con la inestabilidad e ineficacia de los gobernantes españoles. Los italianos consideran a estos virreyes como extranjeros que usurpan un trono que no les pertenece y además les roban sus riquezas que envían a España. La consecuencia de esta situación es el estallido en 1648 de la sublevación que encabeza Masaniello. Para aplacar esta rebelión, el rey envía a su hijo natural, don Juan de Austria, apodado "el chico", para diferenciarlo de otro Juan de Austria, bastardo del emperador Carlos I de España. Este hijo de Felipe IV tiene tan sólo dieciocho años. La madre es la actriz de teatro María Calderón, apodada "la Calderona".
A finales de 1647, don Juan entra en Nápoles y se hospeda en Palacio, donde también se encuentra refugiado el Españoleto. Enseguida asume el cargo de virrey hasta que lo cede por orden de su padre a don Iñigo Vélez de Guevara, conde de Oñate.
Un mes después la sublevación está controlada gracias a los esfuerzos del nuevo gobernador, aunque la victoria fue atribuida al joven Austria, que además de ser retratado por Ribera montando a caballo, también se entretiene intentando conquistar a una hija o familiar próxima del setabense. Finalmente, decide raptarla y, según se cree, la deja embarazada de una niña que profesa como monja en las Descalzas Reales de Madrid a pronta edad.
A la par que estalla la revolución en Nápoles en 1648, el valido español Luis de Haro firma el Tratado de Westfalia, que representa el fin de la Guerra de los Treinta Años y de los enfrentamientos con Holanda. Este acuerdo confirma la supremacía de Francia, la impotencia de Alemania, arruinada y divida en 300 estados, y la derrota de España que pierde Holanda. La decadencia del país de la piel de toro no tiene marcha atrás.

Sanson y Dalila

 

 

 

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