El estilo de Rubens


Rubens como pintor es una persona creativa e imaginativa y está dispuesto a plasmar en los lienzos todo tipo de ideas. Sin embargo, Pedro Pablo es especialmente famoso por su temática religiosa y está considerado como el paladín de la Contrarreforma. Rubens encarnó a la perfección, a pesar de su gusto por la carne y la sensualidad, el nuevo espíritu de la Iglesia católica.
Además, el pintor flamenco posee un alto concepto de la pintura. El artista contesta al duque de Mantua que no realizará ninguna galería de mujeres hermosas porque considera el proyecto como una <<obra baja y vulgar>> y que tampoco quiere arreglar los cuadros deteriorados durante el primer viaje a Madrid porque: <<siempre he tenido por principio no confundirme con otro, por muy gran hombre que sea>>.
Rubens tampoco visita a demasiados artistas, a los que parece que trataba con cierto desdén. Entre los pintores españoles, el único con el que mantiene cierta amistad es con Velázquez. Su orgullo, vanidad y soberbia le llevan a afirmar que <<mi talento es tal que ninguna empresa, por grande y complicada que sea, ha superado mi brío>>.
Rubens es un hombre de costumbres. El pintor se levanta a las cuatro de la madrugada, oye misa y se pone a pintar hasta las cinco de la tarde. Este es el relato de su contemporáneo Otto Sperling durante una visita de un grupo de personas al taller del artista: <<Al mismo tiempo que pintaba se hacía leer Tácito y dictaba cartas. Quedamos silenciosos por temor a distraerle, pero él nos dirigió la palabra sin interrumpir su tarea y, haciendo seguir la lectura y continuando el dictado de su carta, respondió a nuestras preguntas como para mostrarnos sus poderosas facultades>>. Después de la jornada de trabajo solía salir a pasear a caballo para relajarse y a continuación cenaba. Su sobrino Felipe a Roger de Piles dice que su tío <<sentía gran adversión por los excesos de vino, de manjares y por el juego>>.
Por otro lado, su carácter agradable, gentileza, simpatía, inteligencia, educación cortesana, alta cultura, su conocimiento de cinco idiomas y su gusto por viajar le facilitan sus primeras misiones diplomáticas. A éstas seguirán otras de mayor importancia cuando logre la confianza de la infanta Isabel y, más tarde, de Felipe IV.
Rubens como buen diplomático es un hombre intrigante, elocuente, persuasivo, astuto, hábil, sutil y cauteloso. A veces, incluso, se permite ciertas ironías. Con estas palabras escribe al duque de Mantua sobre la afrenta de su representante Anníbal Iberti en la entrega de los regalos a Felipe III: <<He presenciado la entrega de la carroza...y me agradó la forma de dirigirlas del juicioso señor Anníbal. Claro que se reservó la entera ejecución de su encargo y no pude hacer una reverencia a Su Majestad, siquiera fuese muda. La ocasión era favorable, pues estábamos en un sitio público donde todo el mundo tiene acceso. Yo no quiero interpretarlo mal, pues la cosa no vale la pena, pero me extraña tan brusca metamorfosis>>.
Pedro Pablo es un hombre ambicioso y seguro de sí mismo que no se conforma con ser un pintor de primera línea, sino que desea honores -es nombrado Gentilhombre y caballero-, poder y gloria.
La forma de vida de Rubens, rodeado de lujo en su elegante mansión de Wapper, es la de un perfecto burgués. El pintor flamenco está muy lejos de la típica imagen del artista bohemio que vive despreocupado y sumergido en su propio mundo.

Retrato de joven
Retrato de la marquesa Brígida Spínola Doria

La personalidad de su madre, María Pypelincks, hija de comerciantes acomodados, parece que influye en el carácter de su hijo. En esta ocasión se cumple el dicho de que <<detrás de un hombre siempre hay una gran mujer>>.
El talante de su madre, inteligente, hábil, metódica y con una gran fuerza de voluntad, es lo suficientemente enterizo para lograr que su marido, Juan Rubens preso por mantener relaciones con Ana de Sajonia, esposa de Guillermo de Nassau, fuese liberado de la cárcel y de la horca.
La mujer perdonó desde el principio a su marido con el que tuvo dos hijos después de este incidente, Felipe, nacido en 1574 y Pedro Pablo, en 1577. Rubens tenía dos hermanos más criados en Amberes, antes de que su padre fuese desterrado por sus inclinaciones protestantes, Juan Bautista, que nace en 1562, Blandina, en 1564, Clara en 1565 y Enrique, en 1567. Los dos últimos no volverán a pisar tierras flamencas, pues fallecen durante el destierro de su padre. Bartolomé, el último hermano, murió a los pocos días de nacer.
La vuelta a Amberes se produce dos años después del fallecimiento de Juan Rubens, de quien Pedro Pablo parece que hereda su gran atractivo, galantería, elegancia, don de gentes y su audacia. María Pypelincx le entierra en Amberes y tal vez para acallar cotilleos escribe con ciertas dosis de cinismo y diplomacia: <<Su mujer...con la que vivió veinte años en la mayor concordia, sin el menor motivo de queja, hace erigir esta tumba en honor a su excelente marido>>. Rubens tiene diez años.
Su hermano preferido es Felipe con el que mantiene mayor contacto. Ambos permanecen varios años en Italia. Felipe viaja en 1601 a Roma acompañado del hijo de Jean Richardot, su maestro en Bélgica, y consejero de los archiduques Alberto e Isabel. En 1604 regresa a Amberes, pero pronto vuelve a Italia, donde estudia Arqueología y trabaja como secretario privado y, más tarde, como bibliotecario para el cardenal Ascanio Colonna. Las relaciones que entabló Felipe en los círculos eclesiásticos no fueron desaprovechadas por Pedro Pablo.
El pintor flamenco regresa a Amberes en 1608 porque su madre se está muriendo, pero no llega a tiempo. En su testamento, reparte sus retratos entre sus hijos y escribe <<el resto de los cuadros que son hermosos pertenecen a Pedro, que los ha pintado>>.
También han fallecido sus hermanos Bautista, en 1601, y Blandina, quien se había casado al poco de volver del destierro, en 1606. Respecto a Felipe es nombrado Secretario de la Ciudad. Gracias a este puesto conoce a la burguesa familia Brandt y se casa con una de sus hijas. Felipe presentará a Pedro Pablo a una de las hermanas de su esposa.

Adan y Eva
Giovanni Carlo Doria

La personalidad de la compañera de un gran genio con frecuencia suele quedar eclipsada por el carácter creador del artista, aunque en ocasiones puede suceder que no haya ninguna personalidad a la que hacer sombra. Rubens es un hombre con una gran sexualidad, que se siente atraído por las formas femeninas. De hecho, las dos mujeres que hay en la vida del pintor son rubias y entradas en carnes, y, posiblemente, carentes de un fuerte carácter
La primera esposa de Pedro Pablo es una joven burguesa de Amberes, huérfana de madre, llamada Isabel Brandt. La joven tiene dieciocho años, catorce menos que su marido cuando contrae matrimonio en 1609. El recatado carácter de Isabel parece que inspiró poco al artista, que la retrata en muy pocas ocasiones.
La joven fallece en 1626 de tuberculosis. Rubens escribe: <<He perdido a una excelente compañera a la que podía y debía razonablemente amor, ya que no tenía ninguno de los defectos típicos de su sexo, pues no era morosa ni débil, sino tan honesta y virtuosa que todos la amaron en vida y lloran en muerte>>.
La honesta esposa deja al artista dos hijos: Alberto, nacido en 1614 y Nicolás, en 1618. Ambos morirán después que su padre en 1657 y 1655, respectivamente. El primer fruto del matrimonio es una niña, Clara Serena, que fallece con doce años en 1623. Rubens compra una finca en Eckeren, al año siguiente de la muerte de su esposa, para que su cuñado Hendrick Brandt se ocupe de la educación de sus hijos.
Corrieron rumores de que el artista mantuvo relaciones con Susana Fourment, sobrina del pintor por parte de su esposa, pues una de sus hermanas estaba casada con Daniel Fourment, rico negociante de tapices. Esta joven posó para el pintor entre 1618 y 1620 en el Sombrero de paja y también en 1625. Este último cuadro, donde la retratada muestra sus grandes ojos y generoso escote, no genera material para profundos estudios psicológicos. La hermana menor de Susana es Elena, quien con tan sólo 16 años engatusó al pintor. Esta niña, al igual que su hermana de gran belleza, pero con poca personalidad, contrajo matrimonio en 1630 con el pintor de 53 años, que había permanecido cuatro años viudo. Elena tenía la misma edad que el primogénito de Pedro Pablo.
Rubens escribe sobre su segunda esposa: <<He decidido casarme con una mujer que no enrojeciese al verme con mis pinceles en la mano. Y por decirlo todo, me hubiera costado perder el precioso tesoro de mi libertad a cambio de las caricias de una vieja>>. Parece que el pintor no quiere complicarse la vida y prefiere el calor de un cuerpo joven en vez de penetrar en el complejo mundo de los sentimientos.
La belleza y opulencia de la joven motiva al pintor a inmortalizar su efigie en unos 20 retratos con grandes dosis de sensualidad y elocuencia. El infante don Fernando escribe sobre Elena: <<es la más bella de todas las damas de Amberes>>.
La joven da a luz cinco hijos: Clara Juana nace en 1632, Francisco en 1633, Isabel Clara en 1635, Pedro Pablo en 1639 y Constantina Albertina en 1641, nueve meses después de la muerte del artista, que falleció postrado en la cama a causa de una artritis reumática. Elena vuelve a casarse en agosto 1645.

El juicio de París I

La artritis, dolencia de las articulaciones, puede ser provocada por varias enfermedades, una de ellas es la gota. El pintor sufre violentos ataques a partir de 1626. Esta enfermedad, calificada de reyes, pues era habitual en este tipo de personas que llevaban una vida sedentaria y cometían excesos alimenticios, se suele localizar en el dedo gordo del pie, pero ataca a todas las extremidades en general. Rubens escribe: <<con frecuencia sufro ataques de gota, que no me permiten manejar la pluma ni el pincel, y como casi siempre padece mi mano derecha, no puedo realizar los dibujos encargados, especialmente los de pequeños formato>>.
Otro tipo de artritis es la provocada por el reumatismo, que también debió de padecer el pintor flamenco y que le alcanzó el corazón en 1640. Rubens escribe su testamento tres días antes. En este documento, expresa su deseo de ser sepultado en la iglesia de Santiago de Amberes, en una capilla donde se coloque en un pequeño altar un cuadro hecho de "su mano".
Su esposa elegirá dos años más tarde un lienzo donde San Jorge representa a Rubens, Santa Magdalena, desnuda hasta la cintura, a Elena y la Virgen María, a Isabel Brandt. Un cuadro, tal vez, poco adecuado para la ocasión. Además, el epitafio fue grabado en piedra en 1755, a expensas del canónigo Van Parys, descendiente de Rubens. Parece que Elena mostró poco interés por el sepulcro de su esposo.
La joven esposa procuró que toda la herencia del pintor pasase a manos de sus hijos en detrimentos de Alberto y Nicolás, hijos de la primera mujer del pintor. Rubens pidió en su testamento que sus parientes no se enfrentaran por la herencia, sin embargo, su deseo no fue cumplido: había muchas riquezas en juego.


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