El estilo de Tintoretto


Tintoretto: imaginación y oficio. Jacopo Robusti poseía una fantasía sin límites que se desbordaba en cada uno de sus lienzos. Con ella, este artista rompió moldes e innovó formas, composiciones y conceptos.
Sin embargo, este pintor veneciano sabe que además del contenido necesita el continente donde englobar su capacidad creativa: el oficio. En el siglo XVI, la pintura era una técnica complicada con muchas reglas y normas a respetar. Todavía en este arte están desarrollándose: la perspectiva, la profundidad, la luz, las dimensiones, el color están evolucionando y Tintoretto pone su grano de arena en este proceso sin retorno.
Robusti es un autodidacta, un hombre con sed de aprender. Está dispuesto a conocer todos los secretos de la pintura y a innovar y aportar al Arte nuevas posibilidades. Esta característica es precisamente la que diferencia a un genio del resto de los pintores. Por este motivo en su oscuro sótano realiza pruebas de iluminación, de contornos, escorzos, relieves, pliegues... Es el oficio de pintor.
Tintoretto quiere dominar la técnica para obtener, al añadir su genio creador, la obra de arte. Y para lograrlo, sin duda, la fuerza de voluntad marca su espíritu. Y es que aunque Tintoretto es un hombre de baja estatura, tiene un fuerte carácter: <<Un buen temperamento: con los pinceles, la lengua y el atrevimiento>>, como dice muy acertadamente Boschini. Esta es una cualidad necesaria para lograr uno de sus principales objetivos: <<alcanzar la perfección>>, dice Taine.
La actitud estudiosa, silenciosa y reflexiva del pintor desvela su carácter sereno. Tintoretto no es un personaje bohemio, díscolo, apasionado o aventurero -sólo realiza un breve viaje en toda su vida-. Jacopo Robusti es todo lo contrario. Vasari dice que <<vive retirado con sus pensamientos>> y Taine añade: <<absorbido en sus estudios, en su trabajo>>. Es un como científico loco, un hombre distraído, porque sus pensamientos están sumergidos en la pintura. Tal vez, se le olvida comer y vista de cualquier manera, tal vez...La cabeza está pintado.
Uno de sus biógrafos, Ridolfi, afirma que <<vivió siempre alejado de todo placer>>. Parece que este artista sólo se apasionó con la pintura y con Venecia. Estos son sus dos grandes amores. Su vida entera la dedicó totalmente a este arte, pues era su vocación verdadera. Y amaba tanto a su ciudad que sólo realizó un breve viaje en los últimos años de su vida a Mantua. Decir Venecia es lo mismo que decir Tintoretto. La ciudad entera respira el olor de los colores que los pinceles de Jacopo Robusti rezuman de cada muro veneciano. Ríos, canales, puentes, góndolas, callejas, casas antiguas y la pintura de Tintoretto es Venecia.

Judit y Holofernes

Tintoretto es un astuto y hábil cazador de contratos. Las razones pueden ser varias: amor al Arte, personalidad notoria y competitiva, hombre ambicioso, necesidades económicas...
Tintoretto ofrece sus servicios a precios irrisorios para conseguir el mayor número de encargos. Por tal motivo, es fácil pensar que las necesidades vitales del artista son un espacio para plasmar todas las ideas y poder dar rienda suelta a la fuerza interior que recorre sus venas. Un hombre impetuoso e inquieto. Aunque, por otro lado, no es casualidad que en los lugares donde se ofrece a pintar gratuitamente logre después jugosos encargos.
Existe otra posibilidad. Puede que a este hábil artista le motivase la ambición y el orgullo de estar a la altura de sus rivales. Tintoretto cree que la única manera para demostrar a toda Venecia sus cualidades artísticas es pintando mucho, es decir, acaparando todos los encargos.
Para ganar tiempo y poder aceptar más trabajos, Robusti, como suelen afirmar sus contemporáneos, parece que prescinde de los bocetos, es decir, pinta directamente sobre el lienzo. Además, es un artista que mueve sus pinceles a gran velocidad. Esto le permite realizar muchas obras y abaratar sus trabajos. Jacopo quiere destar sobre sus rivales y, valiéndose de esta velocidad de ejecución, pretender tener mayor extensión de obra que ningún otro pintor jamás conocido.
Sin embargo, éste no es su único secreto. Jacopo para conseguir su propósito utiliza cualquier estratagema, mueve cualquier hilo, activa cualquier influencia. Tintoretto es un competidor desleal.
El veneciano incumple las reglas para llegar el primero. El concurso exige bocetos, pero él se presenta con el cuadro realizado y además colgado en su lugar correspondiente. Mueve sus piezas sobre seguro, porque en el caso de que rechacen su obra piensa regalársela al patrón de la institución, a San Roque.
Jacopo no es sólo un acaparador, también es un intrigante, pues se dice que por su ansia de conseguir encargos logra que trabajos destinados para el Veronés sean desviados a su taller asegurando al cliente mejor calidad y menor precio.
El artista está rompiendo la tendencia del mercado. Es jugar sucio, pero quizás sea la única vía libre si quiere abrirse hueco en un campo donde las influencias y el corporativismo pesa más que el genio.
Dos problemas surgen con esta actitud del pintor. Primera: los enconados enemigos. Una huella de las antipatías que el pintor despertaba por su desleal proceder ha quedado recogida en el registro de la Escuela de San Marcos. Uno de los miembros de esta institución se negaba a pagar un sólo ducado en el caso de que fuese Tintoretto el pintor elegido para decorar las paredes de este centro.
El otro problema que surge debido el gran número de obras que el veneciano acepta es que va en detrimento de la calidad del cuadro y por tal motivo, pese a su basta producción, el número de obras maestras es inferior. Posiblemente en la mente de Jacopo Robusti una idea chocaba con fuerza entre las paredes de su cabeza: Vender y aplastar a sus rivales por el número y calidad de las telas.

José y la mujer de Putifar

El matrimonio de Tintoretto tiene fama de estar unido como algunos biógrafos deducen cuando su mujer, Faustina Episcopi, acompaña a su marido en el único viaje que realiza fuera de Venecia. Sin embargo, no pasa desapercibido la sensualidad y erotismo de su pincel, que está considerado como uno de los más lascivos de la época. Destaca su picardía y sentido del humor al tratar el tema de la infidelidad en Marte y Venus, y el desnudo de la Dama que descubre el pecho.
Jacopo Robusti tiene ocho hijos, de los cuales tres de ellos trabajan en el taller del artista. El primogénito, del que se ignora la fecha de nacimiento, es Giovanni Battista -nombre del abuelo paterno-, pero es posible que muriese al poco tiempo de nacer.
El segundo descendiente de Robusti es una niña. A pesar de su sexo, el veneciano tal vez por falta de prejuicios y por la necesidad de dinero y colaboradores que saquen adelante el taller le enseña la difícil técnica de la pintura. Marietta nace en 1556 o tal vez en 1560. Parece que fue una mujer de gran talento como lo demuestra su apodo artístico: la Tintoretta, orgullo de su padre. Marietta se casa con un joyero al que ayuda en el diseño de sus alhajas, además de pintar en el taller paterno. Su especialidad es el retrato e, incluso, dicen que hay cuadros de ambos que se confunden.
La Tintoretta, al igual que su padre, gustó de la música. Parece ser que la familia Robusti estaba relacionada con este arte. Ridolfi dice de Jacopo que <<se dedicó en su juventud a tañer el laúd y otros raros instrumentos inventados por él>>. Además otros autores añaden que cuando pintaba se hacía acompañar de músicos que le alegraban las horas de duro trabajo.
Desgraciadamente esta joven prometedora, calco de su padre hasta en su gusto por la música, fallece <<en la más florida edad. La envidiosa muerte le arrebató la vida, a los treinta años, en 1590>>. La joven es enterrada en la iglesia de Santa María dell'Orto. Este último adiós de padre e hija queda recogido por los pinceles de un pintor posterior, Cogniet, que pinta a la joven muerta y al padre retratándola por última vez. Otro artista, Jeanron, retrata a Tintoretto y su hija paseando por el campo.
El siguiente descendiente del veneciano es Domenico. Su tercer hijo nace sobre 1560 y es bautizado con el mismo nombre del único hermano que tuvo Tintoretto. Este joven consigue un cierto prestigio trabajando en el taller de su padre, aunque menor que el éxito del que su hermana disfrutó en su corta vida. De hecho, Jacopo deja claro en su herencia que es su deseo que sea este hijo quien acabe sus obras inconclusas.
Al año siguiente nace Marco, pintor mediocre que lleva el nombre del abuelo materno. Un año después viene al mundo otra niña, Perina, que ingresa como monja en el monasterio de Santa Ana de Venecia, al igual que su hermana menor Ottavia, nacida en 1570.
Ambas parece que siguen una carrera más adecuada a su condición de mujer en aquellos tiempos: la clausura o el cuidado de la casa. Algunos estudiosos de la vida del pintor piensan que detrás de esta decisión de sus hijas se puede apreciar como trasfondo la fuerte influencia que este honrado padre de familia y profundo creyente pudo ejercer sobre la voluntad de las jóvenes.
Dos niñas más cierran la descendencia del pintor: Lanza, nacida en 1585, y Altura. También se sabe que alguna de sus hijas contrajo matrimonio con un pintor alemán llamado Sebastián Casser, que también colaboró en el taller del veneciano.

El padre de Jacopo, Giovanni Battista, era tintorero. Este negocio paterno proporciona a la familia Robusti importantes recursos económicos para vivir con holgura. Esta ocupación comenzó a estar bien considerada socialmente, además de mejor remunerada, tras el descubrimiento de América.
Giovanni tenía sólo dos hijos y por tanto podía gastar en cada uno más dinero que cualquier otro padre de familia numerosa, pues la descendencia "multitudinaria" era más corriente en esos años. Con este dinero Jacopo entró como aprendiz en algún taller y pudo comprar vaciados de las esculturas de Miguel Angel para estudiarlos.
La necesidad de pintar en grandes murales para dar rienda suelta a su imaginación y para darse a conocer le motiva a ofrecer sus pinceles gratis a cambio de muros donde trabajar. Deseoso de espacio y de fama, más que de dinero, pinta a precio de saldo, es decir, sólo cobra el material que necesita sin incluir la mano de obra.
Es este un método desleal para el resto de los compañeros de profesión. Tintoretto, hijo de comerciantes, está descontrolando el mercado del pincel al ofrecer su trabajo gratis o a precio de saldo. Esta actitud no gusta a pesar de que vive en una ciudad donde el comercio y, por tanto, la competencia es la principal fuente de vida. Vasari dice sobre Robusti con cierta ironía: <<Ha pintado casi de todas las maneras (...) y a todos los precios, que con ese modo suyo ha hecho y hace la mayor parte de las pinturas que se ejecutan en Venecia>>.
De esta manera, Jacopo consigue hacerse con un gran número de clientes, entre ellos, la Escuela de San Marcos y San Rocco, fieles a sus pinceles. Su técnica: el primer cuadro gratis, el resto se paga. Ambas instituciones fueron el sustento principal de la familia del artista. San Marcos paga al artista 100 ducados al año. Una cifra que le permite vivir con cierta holgura considerando que paga de renta por una casa, situada en San Marcial en 1554, cuarenta y dos ducados al año. También contratan sus servicios los centros oficiales. Así recibe una suma importante de 600 ducados para terminar en 1562 la decoración de la Sala del Gran Consejo del Palacio Ducal.
Tintoretto acepta a lo largo de su vida otros encargos a precios mucho más bajo. El dinero no es problema. Una vez cubiertas las necesidades básicas -adquiere una casa cerca de la iglesia dell'Orto en 1574-, Jacopo Robusti se centra en su objetivo básico: pintar mucho para demostrar que es el mejor.
La escasa herencia del pintor prueba la situación económica tan justa en la que vivió. El testamento es redactado en mayo de 1594. El veneciano declara como principal heredera a su mujer: <<dueña y única usufructuaria de todo lo mío y gobernanta de nuestros hijos e hijas>>.
También nombra herederos al resto de sus hijos, pero hace especial hincapíe en Domenico, que se queda con la casa paterna de Santa María dell'Orto, y en Marcos: <<Quiero que todas las cosas pertenecientes a mi profesión sean de mi hijo Domenico, pero que su uso...mientras estén juntos como buenos hermanos en paz y en amor, sea común entre él y mi hijo Marcos. Quiero que Domenico termine las obras mías que quedaron inacabadas utilizando aquella manera que siempre ha usado en muchas de mis obras>>.

Susana y los viejos

 


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