El estilo de Van Gogh

 

Hoy en día la obra de Van Gogh resulta inconfundible. La violencia en la aplicación del color y la pincelada sinuosa son algunos de los rasgos que identifican sus creaciones. Los lienzos son como un espejo que refleja su estado anímico. Dentro del espacio pictórico todo está integrado, sin que ningún elemento quede fuera de la escena. Su pasión por los impresionistas le lleva a Arles, donde recoge la luz del sur de Francia que tanto le entusiasma. De sus depresiones se libera a través de la pintura. El motivo a representar se convierte en su drama interior. Autorretratos, paisajes y figuras adquieren un carácter expresionista, en el que los pequeños detalles quedan subordinados a un segundo plano.
A grandes rasgos estos son los elementos más notables que definen la obra del pintor, sin embargo, estas peculiaridades no engloban la totalidad de sus creaciones.

Las obras de la etapa holandesa tienen poco en común con sus obras más conocidas. Cuando se inicia en el arte de la pintura, sus primeros dibujos evocan la vida de los mineros y las clases trabajadoras. La influencia de Millet es decisiva. La vida del pueblo constituye la temática más recurrida de sus ensayos. El dibujo sobrio y tosco marca las primeras creaciones de este autor."He garabateado un dibujo que representa a unos mineros yendo hacia la mina por la mañana, en la nieve, por un sendero bordeado por un seto de espinos, sombras que pasan vagamente discernibles en el crepúsculo. Al fondo se confunden con el cielo las grandes construcciones de las minas de hulla." Utiliza el lápiz para dibujar paisajes esquemáticos y austeros.
Desde el primer momento Vincent no confía en las enseñanzas de las academias. Piensa que puede trabajar con un artista y a su lado aprender las leyes de la proporción, la perspectiva y la iluminación. Para él no tiene ningún interés el trabajo sobre escayolas de estatuillas clásicas, que los centros de enseñanza proponen para conocer la anatomía.
Por mediación de Théo, aprende los conceptos básicos con Van Rappard, un pintor rico que le enseña la perspectiva y le presta láminas de anatomía. Cuando éste se marcha, el holandés comienza a estudiar el Tratado de la acuarela de Cassagne. A partir de este momento emplea la pluma, además del lapicero. Su esfuerzo por conocer los secretos de la pintura le lleva a dibujar durante jornadas completas. En pocos meses su evolución es evidente. "He hecho todo tipo de apuntes de aradores, de sembradores, de hombres y mujeres. Trabajo mucho, por ahora, con carboncillo; también he intentado la sepia y el temple."
Su primo Mauve va a ser otro de los maestros que guíen los primeros pasos del pintor. Soy un trabajador, un buey de arar es uno de los cuadros que pertenecen a esta época. En este dibujo, encarna la figura del trabajador a la manera de Millet. Los modelos no adoptan poses académicas. La postura del campesino que ara la tierra o de la costurera que remienda la ropa son las actitudes que exige el pintor. Los consejos de Mauve con el tiempo se vuelven discusiones. Van Gogh se niega a pintar un torso de mujer de estilo clásico, por lo que se produce una ruptura total entre ellos. En el año 1883 realiza su primera litografía: Sorrow.
Las escenas que acogen a personajes del pueblo se convierten en una obsesión para el pintor. En el primer boceto de Los comedores de patatas, Van Gogh esboza en grandes líneas sus pretensiones. La influencia de Rembrandt y Hals le llevan a dibujar un interior oscuro lleno de matices. En este cuadro, que es su primera obra importante, evoca el trabajo de los campesinos que comen lo que siembran.

La austeridad y sobriedad de los trabajos iniciales del pintor sufren un cambio radical cuando llega a París. La obra de los impresionistas surte efecto en la paleta de Van Gogh. En este momento adopta la luminosidad que los representantes de este movimiento impregnan en sus cuadros. Una de las obras más representativas que pertenece a la etapa parisina es el retrato del "Père" Tanguy. En el lienzo, la figura simétrica del vendedor contrasta con el fondo compuesto por xilografías japonesas. El conjunto acusa la falta de perspectiva y profundidad.
En la ciudad de las luces, acoge con entusiasmo la nueva teoría y la nueva técnica, pensando en todas las posibilidades que ofrece este movimiento. Sin embargo, esta tendencia no termina de satisfacer sus metas. Su intención es hacer una forma de arte con la que poder expresar lo sustancial. "Mi gran deseo es aprender a hacer deformaciones o inexactitudes o mutaciones de lo verdadero; mi deseo es que salgan, si es necesario, hasta mentiras, pero mentiras que sean más verdaderas que la verdad literal."
El sembrador ocupa uno de los estudios más importantes, en éste se aprecia perfectamente la diferencia entre sus primeros cuadros de campesinos y los que realiza posteriormente en la Carmargue. Aunque la influencia de Millet permanece presente. En junio de 1888, pinta Zuavo sentado, el primer retrato después del de "Père" Tanguy. La peculiaridad de este cuadro, que representa a un soldado de infantería argelino, radica en que crea una ilusión óptica frente a la falta de relieve. Los colores que cubren el vestido del personaje contrastan con la tonalidad pastosa del fondo. El cartero Roulin, Eugenio Boch y La arlesiana, retrato de Madamme Ginoux son algunos de los escasos personajes que el pintor refleja en sus telas, durante su estancia en Arles. En sus retratos quiere encarnar, según sus propias palabras, "la eternidad, lo que en otro tiempo simbolizaba la aureola de los santos y que nosotros tratamos de representar con la luminosidad de los colores." La inseguridad de Vincent le lleva a repetir diferentes ensayos de cada retrato, del cartero Roulin realiza seis lienzos. Los rasgos más característicos de los personajes que Van Gogh pinta en esta época se concentran en el rostro, uno de los pocos aspectos que el pintor trata de plasmar con rigor. Con la postura, la vestimenta, el empleo del color y la composición el pintor pretende conseguir un efecto decorativo. El resultado final de sus obras está directamente relacionado con la característica de que estos retratos no están hechos por encargo, porque este hecho permite que la libertad de creación sea absoluta.
Cuando pinta el óleo de La arlesiana, hace esta descripción "Tengo en fin una Arlesiana; una figura esbozada en una hora; fondo limón pálido, la cara gris, el vestido negro, negro, negro, de azul de Prusia completamente crudo. Se apoya sobre una mesa verde y está sentada en un sillón de madera anaranjada..."
El último retrato que pinta es el del Doctor Gachet. La serenidad de su rostro expresa la bondad de este personaje, que, por otra parte, es conocido como un gran admirador de los impresionistas.

Naturaleza muerta con girasoles
Cafe nocturno Un par de zapatos

El autorretrato es uno de los géneros más importantes para conocer la evolución artística del pintor. Vincent no comienza a recrear su imagen en el lienzo hasta pasados unos años de sus primeros ensayos en el campo del dibujo. Sus autorretratos más tempranos datan del año 1885. Con un lápiz negro se dibuja a sí mismo sobre papel, de perfil y con un gorro en la cabeza. Los retratos que pertenecen a la primera época están pintados con colores y tonos neutros. En gran parte de ellos se retrata con una pipa en la boca y de perfil, en otros hace alusión a su trabajo, con la paleta en una mano frente al caballete. Con una pincelada cada vez más suelta y desenvuelta asume una expresión severa y triste.
Sólo después de una breve estancia en París y residiendo ya en Arles aclara las tonalidades. Al hablar de los colores es importante volver a incidir en el significado real que tienen para el pintor. Este entiende la gama cromática como una forma de representar una actitud. "Expresar el pensamiento de una frente, por el resplandor de un tono claro sobre un fondo oscuro". Con el paso del tiempo cada vez emplea tonos más claros, aunque sus rasgos cobran expresividad y su mirada trasmite mayor inquietud.
En una carta que envía a Théo le describe el trabajo de uno de sus autorretratos: "Acabo de pintar mi retrato, que tiene la misma coloración cenicienta, y a menos que se nos haga con color, no dará de nosotros más que una idea poco semejante. Precisamente como me había tomado un trabajo terrible para encontrar la combinación de tonos cenicientos y rosa gris, no puede gustarme la semejanza en negro. ¿Acaso Germinie Lacerteux sería Germinie Lacerteux sin el color? Evidentemente no. Cuánto quisiera haber pintado retratos de nuestra familia."
Mientras Vincent vive en Arles, la falta de dinero le impide pagar a modelos, por lo que el número de autorretratos que realiza en esta época es impresionante. Para hacer un estudio exhaustivo de su rostro se compra un buen espejo, al considerar que es imprescindible para un buen pintor el análisis de la faceta humana
Un dato curioso es que Van Gogh posa para varios de sus contemporáneos. Lucien Pisarro, John Russel y Gauguin son algunos de los artistas que van a inmortalizar su imagen. El holandés cuando contempla el cuadro que Gauguin hace de él, pintando los girasoles afirma: "Sí, soy yo, pero yo tras haber enloquecido..."
Los autorretratos de Van Gogh son una fuente de primera mano de su formación pictórica y de sus inquietudes personales. En los últimos años de su vida la decadencia y la enfermedad se asoman en sus cuadros. Como muestra, no hay más que contemplar el lienzo en el que aparece con la oreja cortada. Es impactante el expresionismo que desprenden sus retratos finales, donde la amargura se dibuja con pinceladas inquietantes y frenéticas.

Van Rappard, con quien sigue manteniendo correspondencia, le aconseja que haga grandes escenas. La belleza de las dunas de la playa y del paisaje holandés animan al pintor a plantearse este nuevo reto. La composición va a ser uno de los aspectos que más le preocupan al dar este paso. Como en el resto de los géneros, se distinguen dos etapas en el estudio de su trabajo. El esquematismo y la tosquedad de sus primeros ensayos se transforma en colorido y expresión, cuando llega a Francia. Dentro de la etapa parisina uno de los descubrimientos más importantes son las teorías de Delacroix relativas al color. El pintor holandés aprende la aplicación del contraste complementario, que se produce al enfrentar uno de los tres colores básicos -rojo, amarillo o azul- a la mezcla formada por los dos restantes. Otro género que Vincent aborda es la copia de estampas japonesas. Durante su estancia en París, realiza varias imitaciones, inspiradas en cuadros de Hiroshigue. El holandés imprime su propio estilo a estos cuadros y los adapta a su lenguaje pictórico. Al aplicar el color, la textura queda pastosa en vez de lisa y el formato aparece más ensanchado con caracteres japoneses que Van Gogh seguramente desconoce.

Van Gogh descubre en la Provenza los colores de la noche. Se pasea, a altas horas de la madrugada, con un sombrero de velas para captar los tonos y matices de la oscuridad. "El cielo estrellado pintado en la noche misma bajo una luz de gas. El cielo azul verde; el agua es azul real, los terrenos malva. La ciudad es azul y violeta; la luz de gas es amarilla y los reflejos son oro rojo y descienden hasta el bronce verde. En el campo azul verde del cielo, la Osa Mayor tiene un resplandor verde y rosa, cuya discreta palidez contrasta con el oro del rudo gas. Dos figuritas coloreadas de enamorados en primer plano." Si pintar al aire libre es una innovación en el siglo XIX, pintar de noche y en la calle se puede decir que es una iniciativa personal de Vincent. Con esta técnica se sitúa en el lado opuesto de los impresionistas. El holandés practica la pintura nocturna hasta sus últimos días. Su producción dentro de esta modalidad culmina con La noche estrellada. Los días que hace mal tiempo pinta de memoria. El resultado final es mucho más artístico que la copia directa sobre modelos.
Para comprender la composición de aquellos cuadros que evocan paisajes e interiores, es preciso recordar el concepto que Van Gogh tiene de la naturaleza. Se trata de un ser vivo que entabla una relación activa con el pintor. La aplicación del color es fundamental. Los tonos se convierten en sentimientos. La colocación o la forma de los objetos tampoco es una cuestión arbitraria. Todo está meditado. Cuando Van Gogh realiza un cuadro, su objetivo no se limita a plasmar una imagen en el lienzo, sino que va más allá y llama a los sentidos. Un ejemplo es la descripción que realiza de un ensayo de La habitación de Arles. "El color debe predominar aquí, dando con su simplificación un estilo más grande a las cosas y llegar a sugerir el reposo o el sueño general. En fin, con la vista del cuadro debe descansar la cabeza o más bien la imaginación. Las paredes son de un violeta pálido. El suelo es a cuadros rojos. La madera del lecho y las sillas son de un amarillo de mantequilla fresca; la sábana y las almohadas, limón verde muy claro. La colcha, rojo escarlata. La ventana, verde. El lavabo, anaranjado; la cubeta, azul. Las puertas, lilas. Lo cuadrado de los muebles debe insistir en la expresión del reposo inquebrantable. Los retratos en la pared, un espejo, una botella y algunos vestidos." En esta obra los elementos que aparecen no son algo casual. Son el resultado de un profundo estudio. Partiendo de un concepto inicial -el reposo- el pintor se encarga de que todo quede integrado dentro de una perfecta armonía. Sin embargo, la sensación que experimenta el espectador ante este lienzo suele ser paradójicamente la contraria a la buscada por el pintor. Su perspectiva produce vértigo.

Los colores pasan de ser un elemento más de la composición a convertirse en una metáfora de las pasiones humanas. La esperanza o la soledad son sentimientos que se traducen en rojos, verdes, amarillos o azules, dependiendo del momento. Por la misma época esboza un cristo azul y un ángel amarillo, en un cuadro y en otros representa La noche estrellada y Los campos labrados. A juicio de Van Gogh, estos dos lienzos son más serenos que las otras telas, por lo que resultan más agradables a la vista. En numerosas ocasiones emplea símbolos con el fin de representar un deseo o una idea. "Expresar la esperanza por alguna estrella. El ardor de un ser por la radiación del sol poniente."
La pincelada deja de ser impresionista, apretada y menuda, para sustituirla por un toque largo, ondulante y circular."Intento hallar una técnica cada vez más sencilla, que, tal vez, ya no sea impresionista", escribe.
El Expresionismo de los cuadros, que pertenecen a sus últimos días, canaliza la amargura y el dolor. La contemplación de estos trasmite una sensación de inquietud que recuerda la locura del pintor. Su ultimo lienzo, en el que los cuervos negros vuelan sobre un trigal, es presagio de su fatal destino. Los críticos coinciden en que se trata una de sus mejores obras.
Durante los diez años en los que desarrolla su actividad pictórica, el loco de pelo rojo consigue una producción superior a los ochocientos cuadros. Para comprender y reconocer la obra de este artista es preciso entender la relación que existe entre su personalidad y sus creaciones.

Puente bajo la lluvia
Casa amarilla
Almendros en flor

 


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