Su obra

Van Gogh le comunica a Théo, en una carta, su intención de realizar un viaje a París. Su soledad se hace cada día más insoportable. En marzo de 1886, llega a la ciudad de las luces. Allí instala su taller en la Rue Lepic y realiza frecuentes visitas al Louvre para estudiar la obra de los pintores que admira. Van Gogh descubre la luminosidad que caracteriza las obras impresionistas. Para Vincent los cuadros de Delacroix, Monticelli y los artistas japoneses se convierten en materia de estudio y sus autores en maestros a imitar. En esta época, Vincent conoce a Toulouse-Lautrec, Emile Bernard, Gauguin, Seurat, Signac, Pissarro y Cèzanne, entre otros autores. Además, entra en contacto con Père Tanguy, un vendedor de material de pintura con el que mantiene una sincera amistad. Con Lautrec y Gauguin comparte su pasión por este arte. El holandés inmediatamente se queda asombrado con el aplomo y la serenidad que desprende la personalidad de Gauguin, incluso le confiesa la admiración que siente por sus creaciones.

La paleta del pintor se aleja de aquellas tonalidades oscuras que predominaban en sus primeras obras y se llena de esa luminosidad que tantas veces trató de arrancar a la naturaleza. Mientras, en París se respiran las últimas tendencias artísticas. Paralelamente tiene lugar la octava y última exposición de los impresionistas, al tiempo que los representantes de esta corriente triunfan con una muestra que se celebra en Nueva York.
Vincent no desiste y continúa estudiando con detalle todo lo relacionado con la técnica. Experimenta con nuevos procedimientos que le recomiendan sus compañeros de oficio. Acude a las orillas del Sena para buscar nuevos temas que pintar, algunos de sus cuadros son testimonio de esta panorámica. A pesar de vivir rodeado de otros pintores y compartir con ellos sus impresiones, en su obra no se perciben influencias de otros autores. Aunque sí asimila elementos que le resultan gratificantes a su personal estilo.
Durante su estancia en la capital francesa, Tanguy decora su tienda con algunos lienzos del holandés, a fin de venderlos. Por otro lado, el pintor trata de organizar una exposición, aunque no tiene éxito en este intento. Este y otros fracasos terminan haciendo mella en su carácter. Su aventura en París finaliza en seguida, por lo que emprende un nuevo viaje. Las razones que le llevan a adoptar esta repentina decisión son diversas. La idea de vivir a costa de su hermano no le entusiasma. La rivalidad entre pintores, la indiferencia con que le acogen y el bullicio de la gran ciudad son las razones que le van a llevar al sur.
Cada día que transcurre su trabajo es más intenso y su salud es más precaria. Sus deseos por llegar a un lugar en el que el brillo del sol impregne de colores luminosos la naturaleza le conducen al sur de Francia. Toulouse-Lautrec toma parte en esta decisión y le aconseja ir a la Provenza, donde disfruta con los colores de esta región, los campos de trigo, los olivos...
Tras mucho meditarlo, Vincent le comunica así sus deseos a Théo: "Y después me retiraré a cualquier parte en el sur, para no ver tantos pintores que me asquean como hombres."

Cementerio campesino y vieja torre de la Iglesia
El cuarto de Van Gogh


Vincent van Gogh llega a Arles en 1888. Allí descubre el sol del midi francés. Gentes sencillas, flores y paisajes van a ocupar un lugar destacado en sus lienzos. Más allá de las formas plásticas, el pintor busca la entidad del ser. Todas estas inquietudes se reflejan en su obra, al igual que el estudio metódico del dibujo.
Los huertos floridos le llenan de felicidad y pinta sin descanso. Su exaltación crece a medida que pasan los días, y su pintura es un culto al sol, a la luz, y a la naturaleza. En la búsqueda del "yo", Van Gogh encuentra el gusto por el detalle expresivo, por el Expresionismo. Este estilo se nutre de la apariencia de la realidad y de la expresión de su contenido. El detalle queda en segundo plano, mientras que prevalece una realidad deformada. A través de un pedido que realiza es posible conocer los colores que emplea: blanco de plata, blanco de cinc, verde veronés, amarillo de cromo, limón, bermellón, laca geranio, carmín, azul de Prusia, mina anaranjada y verde esmeralda. Van Gogh comienza a pensar en la posibilidad de hacer retratos y observa a las gentes del lugar a quienes considera muy pintorescos: "He visto aquí figuras ciertamente tan bellas como las de Goya y Velázquez. Te saben colocar una nota rosa en un vestido negro, o bien confeccionar un traje blanco, amarillo, rosa, o a un verde y rosa, o azul y amarillo, donde no hay nada que cambiar desde el punto de vista artístico." La influencia de las estampas orientales se materializa en sus obras más importantes. Extrae rasgos nipones del paisaje provenzal. Una muestra son los elementos orientales que mimetiza en cuadros como El puente bajo la lluvia o en el retrato del "Pére" Tanguy.
En los años de vida que le quedan, el pintor vive a expensas del dinero que le manda regularmente su hermano. A cambio, éste le envía cuadros y estudios de diversa índole con el fin de que los ponga en el mercado. No hay que olvidar que Théo es ante todo marchante de arte y como tal está en permanente contacto con posibles clientes.
La personalidad de Van Gogh es cambiante y en ocasiones enfermiza. A veces atraviesa momentos críticos y otros eufóricos. Estos altibajos repercuten en su trabajo. En París su estilo había adquirido un marcado carácter expresionista. Este elemento se intensifica cada vez más en sus pinturas, tratando siempre de exagerar lo esencial y dejar en un segundo plano las partes de menor importancia. Vergeles, trigales y otros lugares de la ciudad ocupan gran parte de los ensayos y estudios que realiza en esta época. Su obsesión por mejorar el trabajo le obliga a repetir los bocetos una y otra vez. Estos estudios le ayudan a cultivar el género del retrato. El cartero Roulin va a posar para el pintor. Este personaje no sólo es uno de los escasos amigos que llega a tener en Arles, sino también una de las pocas personas que accede a posar como modelo. A esta época también pertenecen sus primeros estudios del interior de la fonda que visita con frecuencia y ensayos sobre flores al estilo de Monticelli. Van Gogh tiene dudas respecto a su capacidad para dibujar como este autor, al que tanto admira por otra parte. La incertidumbre en la personalidad del autor es una constante, lo que le conduce a una continua labor de investigación pictórica. Aunque su afán por trabajar no decae, su salud es delicada.

La mirada especial del holandés conserva la habilidad de trasformar un paisaje en un cuadro de Corot, o de encontrar en el sitio menos esperado los grises que Velázquez impregnaba en sus lienzos. Pero lo que más le apasiona es el sol de Provenza: "Un sol, una luz, que a falta de otra cosa mejor no puedo llamar más que amarilla, amarillo de azufre pálido, limón pálido oro. ¡Qué hermoso es el amarillo!." Este color, que para el pintor tiene un significado especial, dota de vida la mayoría de sus obras. Espirales y grandes discos amarillos le sirven para moldear el sol de la Carmague.
A mediados de agosto de 1888, empieza a pintar Los girasoles y prepara tres bocetos de este motivo. En el primer ensayo dibuja grandes flores en un jarro verde sobre el fondo claro. Tres flores, una en simiente y deshojada, y un botón sobre fondo azul real ocupan el segundo estudio. Por último, un tercer dibujo en el que aparecen doce flores y botones en un vaso amarillo. Para Vincent este es el mejor. Su empeño no desaparece y realiza un cuarto cuadro de girasoles. Esta vez catorce flores se realzan sobre el fondo amarillo. De este tema llega a realizar más de diez ensayos.
Para el holandés el retrato es otro género de vital importancia, con el fin de profundizar en su oficio. Van Gogh concibe el retrato como una forma de buscar la verdad y expresarla a través de sus cuadros. "Yo quisiera decir algo consolador como una música. Quisiera pintar a los hombres o a las mujeres con un no sé qué de eterno, de lo que en otro tiempo el nimbo era el símbolo, y que nosotros buscamos por el centelleo mismo, por la vibración de nuestros coloridos." Sin embargo, los escasos recursos económicos de los que dispone no le permiten pagar a modelos.
El pensamiento del pintor afronta el estudio del color como un elemento capaz de expresar estados de ánimo, sensaciones o sentimientos. Los tonos, las armonías, los colores complementarios y un sin fin de matices ocupan la mente de Van Gogh. En la búsqueda de nuevos tintes descubre los colores de la noche y realiza Café nocturno. "He tratado de expresar con el rojo y el verde las terribles pasiones humanas. La sala es rojo sangre y amarillo limón con un resplandor anaranjado y verde. Hay por todas partes un combate y antítesis de los verdes y los rojos más distintos (...) El rojo sangre y el verde amarillento del billar, por ejemplo, contrastan con el ligero verde tierno Luis XV del mostrador, donde hay un ramo rosado. Los vestidos blancos del patrón , que vela en un rincón de esta hornada, se vuelven amarillo limón, verde pálido y luminoso..."
El prodigioso pintor manifiesta en numerosas ocasiones su insatisfacción con cuadros como El sembrador o Café nocturno, de los que opina que son "atrozmente feos y malos". Pero cuando cambia de humor los considera como los estudios más serios que tiene. Su inestabilidad emocional es la causa de estas contradicciones. Su capacidad de trabajo es inagotable, realiza una media de tres cuadros por semana, así se explica en sólo diez años su producción alcance casi los mil cuadros.
La falta de modelos implica un retraso en sus progresos, por lo que se compra un espejo para poder trabajar con detalle sobre su rostro. Los autorretratos son un testimonio de su evolución artística y espiritual. Aunque aclara los tonos, las facciones del rostro adquieren mayor intensidad y su mirada trasmite gran inquietud. Uno de los cuadros más impresionantes, dentro de este género, es aquel en el aparece con la oreja vendada tras habersela cortado. La factura de los primeros autorretratos alcanza mayor soltura con el paso de los años.
El momento que más le atrae es la noche. En la oscuridad la naturaleza y su entorno adquieren un matiz y unos tonos diferentes, que el artista expresa con un vigor sorprendente. Vincent se pasea por las calles de Arles con un sombrero de velas, para poder anotar las impresiones que provoca la oscuridad, en sus lienzos.
En este período inicia el primer ensayo de La habitación de Arles. La composición, los colores y la armonía son una parte esencial para ofrecer una sensación de reposo y descanso. Al menos esta es la intención que el autor persigue con la ejecución de este cuadro, donde nada es casual y sí es resultado de una profunda reflexión.

 

Vista del puerto de Amberes
Loteria estatal

La soledad y la escasez de recursos inquietan al pintor, por lo que propone a Gauguin que se traslade a Arles. Cuando comenta a Théo su intención le escribe: "Si Gauguin se nos quisiera unir, creo que habríamos dado un paso adelante. Esto nos definiría claramente como explotadores del sur, sin que nadie pudiera replicarnos."
Gauguin, tras las insistentes invitaciones, decide instalarse en la Provenza en octubre de 1888 . Para pagar la hospitalidad del holandés envía a Théo un cuadro todos los meses. Su llegada impone un nuevo rumbo a la vida de Vincent. No sólo organiza sus costumbres, también decide que ellos mismos preparen los lienzos y los bastidores. El trabajo y las discusiones sobre pintura definen el encuentro entre los dos pintores, aunque en poco tiempo prevalecen los enfrentamientos. "Gauguin y yo hablamos mucho de Delacroix, Rembrandt, etc... La discusión es de una electricidad excesiva; salimos a veces con la cabeza fatigada como una batería eléctrica después de la descarga."
Las diferencias cada vez son más evidentes. Pero el temor a la soledad le impide aceptar la marcha del Gauguin. El mismo día que escribe a Théo intimida a Gauguin con una navaja. Arma que le sirve para cortarse la oreja izquierda. Este hecho le obliga a ingresar en el hospital.
Quince aZos después, Gaugin recuerda aquellos días en un artículo: "Cuando llegué a Arles, Vincent estaba en plena escuela neoimpresionista y andaba totalmente perdido, lo que le hacía sufrir; no porque esta escuela, como todas las demás, fuera mala, sino porque no casaba con su naturaleza, tan poco paciente e independiente. Con todos esos amarillos sobre violetas, todo ese trabajo desordenado por cierto, sólo conseguía suaves armonías, incompletas y monótonas." En este escrito, Gauguin insiste en considerar que sus enseñanzas fueron un factor decisivo en la corta vida de Van Gogh. Desde esta perspectiva, destaca la capacidad de aprendizaje del holandés que no tenía ningún "temor al prójimo, ni terquedad alguna." Aunque los intercambios en materia de pintura son mutuos, mientras permanecen bajo el mismo techo, en ninguno de ellos se percibe influencias del otro.

Durante el tiempo que está en el hospital nunca deja de pintar, especialmente en los momentos de lucidez. Sus cuadros, llenos de colorido, están dominados por una pincelada ondulante y frenética. En estos días siente especial predilección por reproducir cuadros de otros autores como La resurrección de Lázaro y El buen samaritano, según Delacroix. El día 7 de febrero regresa a la casa amarilla en Arles, pero pronto vuelve a sufrir alucinaciones y le vuelven a internar. A esta época pertenecen obras como el retrato del Doctor Rey, El patio del hospital de Arles, la ventana de su habitación o El campo de amapolas. En los momentos críticos el trabajo le obsesiona y su inseguridad en el arte de pintar es permanente. "Tengo desdichadamente un oficio que no conozco lo bastante como para expresarme todo lo bien que desearía." Esta afirmación es contundente para comprender sus inquietudes y encontrar donde radica su genialidad. La falta de prepotencia y de confianza en su trabajo le convirtieron en un auténtico analista de la pintura. Después de pasar una larga temporada en Arles le pide a Théo que le ingrese en el hospital de Saint-Remy. El autor acepta su locura como una enfermedad más. En de mayo se instala en su nueva residencia. Allí dispone de dos estancias, en una pinta y en la otra duerme. Nada más llegar prepara sus pinceles para comenzar a pintar sin descanso. Su primera obra: Los lirios. Este tema lo descubre en el jardín del manicomio.

En su evolución artística se cuestiona donde reside la esencia del arte. Este planteamiento le recuerda el arte egipcio. Aquí está la respuesta, según Van Gogh los artistas de este país tenían la capacidad de expresar en sus obras todo aquello que se puede sugerir, pero que implica gran dificultad a la hora de plasmarlo. A través de sabias curvas y perfectas proporciones podían representar la serenidad, la bondad y la majestuosidad de los faraones. El secreto, por tanto, está en la concordancia entre el qué y el cómo de la obra. De este modo, la entidad de ésta permanece en el tiempo. Para Van Gogh la búsqueda de la verdad continúa siendo una meta para dotar sus cuadros de permanencia.
En noviembre, Octave Maus, secretario de los XX, le propone al artista que exponga algunos de sus cuadros en el octavo Salón, que se va a organizar en Bruselas. El pintor acepta que sus obras sean contempladas en esta muestra, junto con las de Cézanne, Forain, Lautrec, Renoir y Sisley. Esta y la publicación de un artículo en el Mercure de France a cerca de su obra serán las únicas noticias agradables en esta época. El artículo alaba el trabajo del holandés: "Este robusto y verdadero artista, tan de raza, con sus manos brutales de gigante, el nerviosismo de una mujer histérica, el alma iluminada, tan original y tan al margen en medio de nuestro lastimoso arte de hoy en día, ¿gozará algún día reconocimiento, de las zalamerías arrepentidas de la fama? Quizás." La única venta que realiza en vida se produce en este momento. Anne Boch paga cuatrocientos francos por La viña roja.

La soledad del pintor se hace cada vez más dura y ya no aguanta más tiempo en el hospicio de Saint-Remy. Su traslado a Auvers-sur-Oise es inmediato. Allí le espera el Doctor Gachet, a quien retrata en uno de sus cuadros más hermosos. En él deja ver la confianza y la estrecha relación que mantiene con este médico, que estuvo con él hasta sus últimos días. Testimonio de su amistad es el magnífico retrato que deja del Doctor Gachet, en el que la melancolía se une a la expresividad de su rostro. Las Casas en Cordeville, el castillo y los campos de Auvers, son motivos que traslada a sus cuadros durante este tiempo.
El último lienzo de Van Gogh es un trigal, agitado por el viento, sobre el que vuelan pájaros negros. La casualidad o el destino hace que esta tela anuncie un triste presagio. El día 27 de julio se pega un tiro que le provoca la muerte. Emile Bernard, el "Père" Tanguy, Pisarro, Lauzet, Audries Bonger y el Doctor Gachet acompañan a Théo en el entierro. Medio año más tarde muere su hermano Théo. La obra de Van Gogh, que pasa a manos de su cuñada, es valorada en dos mil florines. Muchas personas aconsejan a la viuda de Théo que la destruya, pero ella continúa con el proyecto de su marido de organizar una exposición con los mejores cuadros del pintor holandés. Su obra comienza a ocupar las salas de exposiciones al poco tiempo. Un siglo después sus cuadros se cotizan como los más caros dentro del mercado del arte.

Tejedor con devanador
La noche estrellada

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